Duele demasiado el corazón cuando se tiene que enterrar a cuatro niños juntos. Se desgarra el alma cuando esos que se fueron son apenas pequeños inocentes empezando a vivir, "y por eso, por más preguntas que uno se haga, no hay respuestas", expresó el padre Jorge Mario Restrepo, párroco de Liborina y quien ayer presidió la eucaristía por cinco de las seis víctimas que dejó el accidente ocurrido en un paraje del corregimiento La Honda, el pasado domingo.
Dos cajitas blancas: la de Hernán Danilo Urrego García, que el sábado había cumplido cinco años, y la de John Esnéider Domicó, que hoy cumpliría 10; y tres cajas oscuras: una de adulto, la de Luz Aydé García Uribe, de 35 años, y las otras dos más pequeñas que contenían los despojos mortales de sus hijas Deicy Faisury Monsalve García, de 12 años, y de Ingry Damaris, de 14, filadas frente al altar, hicieron que todo el dolor se arrumara en la iglesia del pueblo.
Hija de Macario García y Genoveva Uribe, dos campesinos de la vereda Rodas, Luz Aydé fue desde niña una luchadora. Separada hace algunos años de su primer esposo y el padre de Deicy Faisury e Ingry Damaris, se fue abriendo camino con ellas y su otra hija mayor. Le tocó luchar para salir adelante y más tarde, hace unos seis años, unió su vida a la de Danilo Urrego.
"Hacia poquito les habían ayudado a unas mejoras de su casa y tenían un terrenito en el que pensaban construir una casa más amplia, pero no pudo ser", relató Macario muy adolorido.
A su lado, Genoveva, de 58 años, parecía con el llanto atrancado, pues a ratos se calmaba y luego se soltaba en lágrimas. No era fácil detenerle el dolor.
"Mi hijita y mis nietas eran adoradas, con su pobreza y todo, nos estaban ayudando porque Macario ya no puede trabajar por enfermo, yo tengo cáncer y mi hijita de 29 años es 'inválida' desde que le dio meningitis", contó Genoveva mientras miraba la fila de cajas en la sala de velación.
De Deicy Faisury e Ingry Damaris, en Rodas quedaron los mejores recuerdos. Ellas, de 12 y 14 años, fueron el encanto del colegio, pues además de tener liderazgo en las cosas sociales, eran también excelentes estudiantes.
Lo confirma su profesora desde preescolar, Clara Yenni Avendaño, quien destacó su nobleza y lo colaboradoras que eran con todos. "Ellas leían la palabra de Dios en las misas, lideraban las obras sociales del padre y lo acompañaban en esa función".
Por eso, decían todos en el pueblo, "esas niñas se fueron derechito al cielo, y su mamá también, ni se diga".
Al niño Hernán Danilo tal vez sólo se le conocieron las risas y los llantos. ¿Qué más se va a tener a los cinco años de vida?... Por eso dolió tanto su muerte. Por eso, don Danilo, quien fue sepultado aparte por su familia en Sopetrán, de donde era oriundo, les cumplió hasta el último día, pues se llevó a la familia de paseo al corregimiento El Junco a celebrar el último cumpleaños del bebé de la casa.
Se le fue la vida
La otra tragedia la vivió la familia de John Esnéider Domicó, que hoy cumpliría diez años si la muerte no se hubiera atravesado en el camino. Él era huérfano de padres y hacía unos seis años lo criaba su abuela Ana Leticia Domicó, que ayer lloró incansable. Lo recordó como un niño alegre, a pesar de sus tragedias, pues era desplazado de Urabá y había vivido muchas dificultades. "Yo lo dejé ir al paseo porque era una familia vecina y muy sana, nunca imaginé que eso iba a pasar".
Es que esas cosas nadie se las imagina. Así lo cree Liberney García, hermano de Luz Aydé y quien también viajaba en la camioneta accidentada. Él, de unos 20 años, cuenta que se salvó porque viajaba en el volco y se logró tirar cuando el carro empezó a rodar.
"Los que se mataron fueron los que iban en la cabina, que eran mi hermana, sus hijas, el niño y don Danilo. En el volco íbamos tres, yo, un muchacho Edison y el niño Domicó, que sí murió. Y pegados atrás iban Yerlin Domicó, Yonhatan Gil, David y Dayron Pineda, todos se salvaron".
Liberney añade que a la ida hacia El Junco todo estuvo bien, pero de regreso llovía muy fuerte, la carretera estaba mojada y en la vía había una piedra con la que no contaba don Danilo, que manejaba.
"Él la esquivó, pero se había caído la banca y el carro se rodó. De abajo se oían los gritos, creo que del niño Domicó, llamamos a pedir ayuda, pero nadie llegó y después nosotros bajamos y los vimos a todos muertos, creo que después del accidente les cayeron piedras encima".
Los primeros cuerpos de socorro llegaron, dicen los testigos, a las 7:00 de la mañana. Y lo que vieron fue a una familia inerte. Algo muy desolador para un pueblo que sólo entierra muertos de vez en cuando.
Por eso ayer todo mundo se volcó a acompañar a doña Genoveva y a Macario y ¡claro!, a Sandra Milena, la mayor de las hijas de Luz Aydé, que no viajó al paseo porque vive con una tía y apenas pudo llegar en la mitad de la misa para acompañar las honras fúnebres de su familia.
En medio de la multitud abarrotada en la iglesia, la joven, de 15 años, se abrió paso a gritos. Fue el momento más dramático de esta dolorosa historia. Sandra ya no tiene mamá ni hermanitas ni hermanito. No tendrá a quienes cuidar ni a esa mamá verraca que Dios le dio para brindarle amor y ejemplo de superación. La vida se le acabó, cuando la empezaba a vivir.
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