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HISTÓRICO
Economías de escala: el nuevo delito
  • Andrés Felipe Arias | Andrés Felipe Arias
    Andrés Felipe Arias | Andrés Felipe Arias
Andrés Felipe Arias | Publicado el 22 de abril de 2011

El suplicio comenzó cuando se ensañaron en afirmar, sin evidencia, que Agro Ingreso Seguro (AIS) era un programa para ricos. Judicializando las economías de escala. Veamos los datos.

A agosto de 2010, AIS había beneficiado a 316 mil familias del campo, sobre 1'130.000 hectáreas. Es decir, 1,3 millones de personas, sobre parcelas de 3,6 hectáreas en promedio. El 99% de estas familias son de pequeños y medianos agricultores. A agosto de 2010, el vilipendiado módulo de riego de AIS había beneficiado a 33 mil familias, sobre 110.000 hectáreas. Es decir, 130 mil personas, sobre parcelas de 3,3 hectáreas en promedio. El 99% de dichas familias corresponden a pequeños y medianos agricultores, quienes, además, recibieron el 94% de los recursos. He ahí el famoso peculado que nunca existió.

Con AIS, se irrigaron créditos blandos por 1,5 billones para 85 mil familias (99% pequeñas y medianas). Con AIS se aprobaron proyectos con Incentivo de Capitalización Rural (ICR) por 2 billones, para 123 mil familias (99% pequeñas y medianas). Con AIS se apoyaron proyectos de asistencia técnica integral para 141 mil familias, todas pequeñas y medianas.

¿A alguien le cabe duda de que AIS siempre llegó en mayor proporción a pequeños y medianos? A nadie. Sólo a quienes requieren, con urgencia, tipificar el delito de economías de escala para consolidar la revancha final.

En efecto, AIS no castigó ni excluyó al empresario que genera empleo rural. ¿Por qué habría de hacerlo? De hecho, con AIS se crearon o protegieron 386 mil empleos en el campo. Tanto así que la tasa de desempleo rural cayó a niveles históricamente bajos (7%).

¿Es eso delito? No. Pero no importa, pues parece que el objetivo es deformar el abuso de unos pocos (menos del 0,1% de todos los beneficiarios) para castigar, bajo el delito de las economías de escala, a quienes crearon el programa y mejoraron la calidad de vida de más de 300 mil familias del campo de este país. En realidad, para castigar a quienes mejoraron la calidad de vida de todo el pueblo colombiano.

De hecho, AIS generó resultados que nadie imaginó. Entre 2002 y 2010, la frontera agrícola se expandió en un millón de hectáreas, la productividad promedio del campo se incrementó en 13%, y la producción agropecuaria aumentó en 5 millones de toneladas. En consecuencia, la inflación de alimentos casi que desapareció y la seguridad alimentaria de Colombia quedó garantizada.

Así las cosas, AIS, mientras existió -¿o será que sólo ha sufrido un cambio de nombre?- contribuyó a la consolidación de la seguridad en el campo (por el menor desempleo rural) y al bienestar de las clases bajas, medias y trabajadoras de la ciudad (por la menor inflación de alimentos). ¿No es esto evidencia suficiente? No, jamás.

Los verdugos insistirán en que, además, se mezclaron campañas políticas con AIS. NUNCA, léase bien, NUNCA se utilizó el programa para propósitos políticos. Esto bajo la gravedad de juramento. Quien diga lo contrario miente.

¿Por qué será que cuando unas personas apoyan a un candidato de buena fe, de manera voluntaria, unilateralmente y sin recibir nada a cambio se configura un delito, mientras que cuando esas mismas personas apoyan a todos los demás candidatos el delito desaparece? Porque sí.

¿Por qué será que cuando todos los ministros de todas las épocas firman convenios con ciertas entidades no existe delito, mientras que cuando uno sólo de ellos los firma el delito aparece en escena? Porque sí.

¿Por qué será que hay gente en la cárcel si el famoso peculado desapareció? Porque sí.

En fin, para la verdad, el tiempo; y para la justicia, Dios.