Unidas, así trabajan diferentes entidades culturales y artísticas de Medellín y el departamento, que se entrelazan para desarrollar estrategias de educación, para formar públicos, pensarse como artistas, compartir conocimiento y crear políticas públicas.
Uno de los ejemplos más significativos de este modelo de trabajo es la Red de Escuelas de Música de Medellín, programa que nació en 1996, por acuerdo municipal, y que en la actualidad vincula a 5.600 niños y jóvenes de toda la ciudad, 160 docentes y 27 escuelas con sus respectivos directores y secretarías.
Según Wilson Berrío Arango, coordinador curricular de la Red de Escuelas de Música, el modelo pedagógico que implementan similar en cada una de las escuelas, es el que les permite trabajar en diferentes sectores de la ciudad. “Eso es lo más importante, pues si no hay un sistema unificado, no hay una red como tal”, argumenta. Tal sistema, cuyo operador es la Universidad de Antioquia, está compuesto por cinco niveles de trabajo: el pedagógico, el administrativo, el social, estético musical y comunicacional.
“Funcionamos como red en un programa de inclusión social donde todos los niños de Medellín tienen derecho a participar. Buscamos que ocupen el tiempo libre de manera adecuada y la Alcaldía de Medellín ofrece esa oportunidad”, asevera Wilson Berrío.
Al igual que la Red de Escuelas de Música existen otras redes oficiales, adscritas a la alcaldía de Medellín: la de Artes Visuales, la de Artes Escénicas, la de Literatura, la de Escritores, La de Danza y La de Bibliotecas. Para María del Rosario Escobar Pareja, Secretaria de Cultura Ciudadana, el trabajo en red permite “tener diversidad de voces de perspectivas y de territorios y es allí donde está su riqueza”.
Otras opciones
Paralelo a las redes de formación artísticas estatales, existen otras asociaciones culturales que se han unido por intereses temáticos, integradas por personas, corporaciones o asociaciones sin ánimo de lucro.
“Las redes son una forma de la sociedad civil para organizarse y perseguir objetivos comunes sin dañar la especificidad de cada uno de sus actores dentro de la red”, expone Juan Pablo Ricaurte Londoño, director de Asencultura y de la Revista A Teatro, con más de 22 años de trabajo dentro de la escena cultural de Medellín.
Sustenta además que tras perseguir los objetivos comunes es que se logra trazar políticas culturales y vigilarlas, promover programas de fomento y estímulos como becas de estudio y creación e intercambios artísticos. “La existencia de las otras redes también nos oxigenan y oxigenan a la Secretaría y a la ciudad en la acción conjunta. De una y otra aprendemos” , refrenda María del Rosario Escobar.
La experiencia, según Juan Pablo Ricaurte, ha demostrado que si algún joven que perteneció a alguna red o asociación, no continúan con su formación artística en la adultez, sí se convierte en su mayoría, en un asistente de eventos artísticos y culturales. Aprende el gusto por el arte y sus manifestaciones.
Sin embargo, sostiene que se debe trabajar más en el fortalecimiento del tejido social, saber cómo responder a los Tratados de Libre Comercio y vincular a la empresa privada, con ánimo de lucro, en el desarrollo de la cultura del país.
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