Consternación y tristeza deja la muerte de la joven madre y diseñadora Clarena Acosta, ocurrida en Barranquilla, el 31 de diciembre, por la acción criminal de su ex esposo, el empresario Samuel Enrique Viñas. En forma descarada, el homicida no mostró ningún arrepentimiento. Al contrario, aceptó su responsabilidad, dijo estar tranquilo y expresó que descansaba con este acto porque ella lo engañaba. Es indignante que al autor de un delito cometido con semejante violencia y frialdad se le pueda dar legalmente el beneficio de la excarcelación, por haber admitido los cargos. Y si bien el fiscal podría tener la competencia para dejarlo en libertad, lo que está en investigación, es entonces la ley la que hay que modificar. Máxime cuando además de quitarle la vida a un ser humano, se causa un daño a menores de edad, a los tres inocentes hijos de Clarena. ¡Cuánto dolor!
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