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El dolor del recuerdo que no se borra

SOBREVIVIENTES Y FAMILIARES de tragedias como la de Villatina y El Socorro revivieron, con el derrumbe de Calle Vieja, en Bello, lo que les tocó padecer a ellos en su momento.

  • El dolor del recuerdo que no se borra | Julio César Herrera | Diego Duque fue uno de los pocos sobrevivientes que dejó la tragedia de Villatina, en la que perdió a 26 familiares, y que con el desastre en Calle Vieja volvió a vivir y a llorar como si fuera la que le tocó hace 23 años.
    El dolor del recuerdo que no se borra | Julio César Herrera | Diego Duque fue uno de los pocos sobrevivientes que dejó la tragedia de Villatina, en la que perdió a 26 familiares, y que con el desastre en Calle Vieja volvió a vivir y a llorar como si fuera la que le tocó hace 23 años.
11 de diciembre de 2010
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Mientras ruedan las imágenes de angustia y dolor que viven los familiares de las víctimas del derrumbe en Calle Vieja, algunos sobrevivientes de las tragedias de Villatina y El Socorro rebobinan la historia que les tocó vivir.

Para Diego Duque, lo de Calle Vieja, en Bello, fue volver 23 años atrás, cuando a sus seis años de edad, en segundos sus padres, hermanos, tíos, primos, en total 26 familiares, quedaron sepultados bajo toneladas de tierra. Solo él y dos hermanos más lograron salir vivos y otro se salvó porque no estaba en el lugar.

Todos sus seres queridos fueron rescatados muertos, excepto su madre que nunca apareció.

Por eso al ver las imágenes en la televisión de la tragedia de Calle Vieja lloró y se buscó. No era su tragedia, pero él también la había vivido.

Pensaba, al igual que le ocurrió a él, en los que se quedaron sin nada y sin nadie. "Lo que más me impactó es que fue como la repetición de lo que nos pasó. También había primeras comuniones o reuniones familiares".

A Diego le quedaron dos hermanos vivos, que no estaban allí, pero para ellos también fue una situación muy difícil, tanto en lo emocional como en lo económico, por lo que no pudo encontrar en ellos el apoyo necesario, y por eso pasó seis años internado en una institución.

"Encerrado porque no me provocaba salir ni siquiera en diciembre. Allí me quedaba sentado en una silla llorando y mirando desde el internado las luces que alcanzaba a ver".

Recuerda que ese día no quiso ir a la Primera Comunión de un primo y mejor se quedó viendo televisión. De un momento a otro escuchó a la gente gritando "se vino el morro" y en cuestión de segundos estaba tapado por tierra y escombros, ahogándose y pensando que no quería morir.

"Me preguntaba, así fuera un niño, por qué me está pasando esto", cuenta Diego.

Recuerda una imagen que está grabada para siempre. Cuando lo sacaron y subió a la parte alta del derrumbe no vio las casas. "Lo único que vi fue tierra y gente gritando y llorando, gente herida tirada en la calle o aprisionada por la tierra sin poder salir, atrancada por palos y piedras".

El Socorro
Aún hoy, más de dos años y medio después de que un alud de tierra segó la vida de 28 personas del barrio El Socorro, Nora Elena Zapata todos los días al abrir la puerta de la casa y ver el sitio del derrumbe se le viene el recuerdo de ese trágico 31 de mayo de 2008.

Todavía, aunque desde hace un año no los saca, conserva los recortes de prensa que daban cuenta de la trágica noticia, de las historias de las víctimas y del sufrimiento de los que quedaron. "Muchos de los que sobrevivieron no pudieron superarlo y más bien decidieron abandonar el barrio", anota Nora Elena.

Al recordar hoy a sus vecinos e inquilinos de los cuales conserva una especie de álbum, en el que están sus imágenes, entregado el día que terminaron las novenas, se le salen las lágrimas.

Fue ella quien más conocía y compartía con la familia Cortés Mira, compuesta por ocho miembros, que murió aplastada por la plancha de la casa derribada por el alud, por lo que ayudó a los rescatistas a encontrar sus cuerpos que yacían sin un aliento de vida.

"Yo sabía donde quedaba la pieza de cada uno de ellos y por eso les ayudé a ubicarlos", recuerda.

Nora Elena, su esposo carlos Enrique y sus dos hijos, afortunadamente no padecieron físicamente el embate de la tierra, aunque sí se les llevó los dos pisos que con mucho trabajo habían levantado, pero emocionalmente han tenido que hacer un gran esfuerzo por superar la partida de sus vecinos y amigos.

A Nora y a Carlos se les desgarra el corazón al ver el sufrimiento de los familiares víctimas del derrumbe de Calle Vieja y del futuro que les espera.

"A ellos, así como lo hicimos nosotros, lo que les queda es pedirle al Señor que les dé mucha fortaleza para seguir viviendo y para seguir luchando por los que quedaron", señala Carlos.

Muchos en Calle Vieja están viviendo el drama que le tocó a Diego, pero que lo deben mirar como un ejemplo de vida. Él hoy lidera, en Villatina, un movimiento para rescatar los valores de la vida.

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