"Yo fui quien le puso el nombre Afinaíto", reclama para sí mismo Romi Molina Vizcaíno, productor musical de champeta desde que la champeta ni siquiera tenía nombre.
"Caramba", le dijo Molina a uno de sus socios cuando escuchó en estudio a Sergio Liñán, "este pelao es afinado. Este pelado es afinadito, así que tienes que conservarlo".
Frente al estudio del que han salido muchos de los últimos éxitos de la champeta, a unos metros de Bazurto, el principal mercado de Cartagena, Romi comenta que el afinaíto sobresalió de inmediato en una escena que se abría camino durante los años noventa.
Desde que el cantante de Isla Fuerte falleció, el pasado 29 de diciembre, Cartagena se ha volcado sobre ese champetúo que pegó en el país el tema Busco alguien que me quiera. Sus canciones, e incluso la grabación en video del último concierto suyo en la Heroica, se venden en las calles de Cartagena como pan caliente.
En esa última presentación que tuvo lugar en la Torre del Reloj, interpretando La Propia Nubecita, Liñán rendía un homenaje a otro de los intérpretes más populares del género: Jhon Jairo Sayas, el Sayayín, quien había fallecido apenas unas semanas atrás.
Un paro respiratorio terminó con la historia de el Afinaíto; un ataque armado con la de el Sayayín. La champeta, no obstante, sigue sonando.
Retumba el picó
Las noticias que anunciaban las inesperadas muertes revivieron el recuerdo de la champeta en el interior, un lugar donde apenas han llegado los ecos de una corriente musical que en Cartagena, el Bolívar y gran parte del Caribe colombiano, fue, es y seguirá siendo todo un fenómeno social.
"Esto llegó primero que el reguetón, y que la misma ragga" asegura Alexander González, conocido como Bugaloo. Hoy en día, sin embargo, la nueva generación prueba un sonido fusionado con el dancehall jamaiquino mucho más cercano al reguetón. Le llaman champeta urbana.
Otro de los pioneros de la terapia, lo que posteriormente se conocería como champeta, Bugaloo explica que el género se ha mantenido como el preferido del público cartagenero gracias a los picó.
Emisoras ambulantes, los reyes de las fiestas populares en el departamento de Bolívar, los picó son descomunales montajes sonoros de alta potencia.
"Los pick-up (sic) están asociados al dolor de muelas, al rompimiento de techos, de platos, al temblor en las casas y al llanto de los bebés. No obstante todos, tanto a los niños como los más ancianos, les gusta bailar y escuchar champeta muy cerca de los altoparlantes", escribe el investigador Alberto Malagón en su blog, el Mundo de la Champeta.
"Las fiestas animadas por pick-ups son –complementa–, para mucha gente negra y popular, los únicos lugares de diversión que existen. Además, estos se desplazan hasta sus barrios, son discotecas a sus alcances".
Además, han dado origen a un particular manera de producción musical. Picó que se respete tiene en su repertorio las últimas canciones, los artistas más populares.
En tiempos de distribución digital, mientras en otros géneros los artistas gastan fortunas de su propio bolsillo para grabar, distribuir y promocionarse, los picó financian una abundante producción discográfica que se da a conocer a través de los altoparlantes.
"La exclusividad es uno de los atractivos fundamentales del picó. Al picó lo buscan porque tiene esta canción, y esta, y esta", explica Romi Molina, quien produce los artistas del picó Rey de Rocha y asegura que la champeta es tal vez el único género del mundo que no paga para sonar en radio.
Al contrario, comenta, son los DJ radiales quienes ruegan a los empresarios que les presten los éxitos que hacen populares en la pista de baile.
Herederos del Saya y Afinaíto son Kevin Flores, Twister, Mr. Black y El oveja. Ellos son quienes están produciendo los nuevos sonidos de la champeta, una música que, como dice Bugaloo, tiene su público asegurado por mucho tiempo. "¡Si ustedes vieran la niñez bailando…".
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