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HISTÓRICO
EL POST-CONFLICTO EN PERSPECTIVA
  • EL POST-CONFLICTO EN PERSPECTIVA
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 27 de agosto de 2014

Nos acercamos a un acuerdo. No sé si malo, bueno o regular. No tengo idea. Y cuando digo que nos acercamos a un acuerdo en la Mesa de Negociación de La Habana entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las Farc me refiero a un acuerdo sobre los temas complejos, no a que nos acerquemos en tiempo. De seguro, falta al menos un año antes de que todo quede listo y que se firme algo más claro. No será menos tiempo porque en los detalles se esconde el diablo y ambas partes se la jugarán por sacar ventajas en ese momento, y no será más de ese año, porque las Farc seguramente querrán participar directamente en la elecciones locales de 2015.

Y así, en tanto nos acercamos, se vuelve más importante discutir sobre las realidades, las fantasías, pero sobre todo, los desafíos y las oportunidades de lo que vendrá luego, de lo que nos espera a la vuelta de la esquina de ese acuerdo final.
Porque en el nombre del documento, en ese “Acuerdo de Paz”, se recuerda esa palabra que genera confusión y expectativa, casi siempre idealizada, y que nos engaña un poco respecto a lo que podemos esperar del futuro próximo de la violencia en Colombia.

Por supuesto, mantener los asuntos en perspectiva, reducirlos a sus justas proporciones, resulta fundamental para evitar dañinas decepciones. Si sabemos, en términos generales, lo que nos vendrá al final de este sangriento enredo de sesenta años, no solo podremos ajustar nuestras expectativas, sino prepararnos efectivamente para enfrentarlo.

Los desafíos son diferentes. La minería ilegal ya es más rentable en algunas regiones del país que el mismo y temido narcotráfico; un síntoma que nos recuerda que el problema no es la renta ilegal por sí misma, sino la falta de instituciones que la regulen y la presencia de actores armados que quieran explotarla. Así, el vacío o la cooptación del Estado en las periferias, el fundamento donde todo esto se ha sustentado, se mantiene.

De igual forma, las Farc no representan, desde hace años, ni una décima de los fenómenos de violencia del país. En 2013, de acuerdo a cifras del Ministerio de Defensa, Colombia tuvo 15.419 homicidios, de los cuales, unos 845 fueron asociados a soldados, policías o guerrilleros. Es decir, que solo el 5,4% de todos los asesinatos del país tuvieron algo que ver con el enfrentamiento entre el Estado y las guerrillas.

Entonces ¿qué nos depara el final del conflicto Estado-Farc?
Por un lado, desorden. Es decir, el reacomodo de negocios ilegales, ejércitos y sus armas, y controles territoriales. Y el desorden, en estos asuntos, genera aumentos en la violencia. Por otro lado, un nuevo y complejo actor político legal, las Farc como partido, como esfuerzo por participar y ganar espacios y esa tentación (o realidad) de echar mano de la ilegalidad para ganar ventajas, para aumentar su poder.

Por supuesto, no será nada que no hayan vivido otras sociedades en situaciones similares. Sin embargo, el éxito o no de esos procesos no se determinan tanto en la negociación, sino en la implementación, veeduría y sobre todo, en la preparación para lo que nos sube por la pierna. De esa preparación dependerá que logremos, en efecto, superar esto.