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HISTÓRICO
Glucantime, la otra disputa de la guerra
  • Glucantime, la otra disputa de la guerra | Juan Antonio Sánchez | Desde la época del guerrillero Jaime Bateman Cayón, líder del M19, se hablaba de posibles curas para la leishmaniasis. En un libro, Bateman habla de una pócima a base de tomates para curar la enfermedad. Sin embargo, hoy los médicos desvirtúan este tipo de tratamientos y los declaran "folclóricos", pues esto lo que hace es cauterizar la herida y no combatir el parásito.
    Glucantime, la otra disputa de la guerra | Juan Antonio Sánchez | Desde la época del guerrillero Jaime Bateman Cayón, líder del M19, se hablaba de posibles curas para la leishmaniasis. En un libro, Bateman habla de una pócima a base de tomates para curar la enfermedad. Sin embargo, hoy los médicos desvirtúan este tipo de tratamientos y los declaran "folclóricos", pues esto lo que hace es cauterizar la herida y no combatir el parásito.
José Guarnizo Álvarez | Publicado el 15 de agosto de 2010

"Así como los turistas van al zoológico a ver animalitos -que el tigre, que el elefante-"; así mismo dice haberse sentido el soldado profesional Jhonatan Bustamante* cuando extranjeros clandestinos visitaban el campamento del Frente Caribe de las Farc y se quedaban mirándolo por entre una cerca de alambre de púas.

Tenía por esos días la piel pegada a los huesos y la mano izquierda cuarteada por las heridas de la leishmaniasis. Además de la tragedia que ya significaba estar secuestrado, Jhonatan llevaba en sus hombros tres meses de angustia esperando por medicamentos.

"Sentía que me rascaba por dentro y que las llagas se esparcían. Allá me decían simplemente que me había picado un 'Pito' (un mosquito). Yo llegué a pensar que tenían que mocharme la mano", se acuerda.

Pero a la espesura de las selvas chocoanas, donde Jhonatan permaneció tres años -siempre aferrado a un radio transistor- llegó cierto día una caja de Glucantime, un medicamento de distribución exclusiva del Estado, utilizado en todo el mundo para el control de la leishmaniasis.

Aquello que científicamente se denomina "sal de antimonio" había llegado hasta ese frente guerrillero por la vía de un mercado negro del que las autoridades desconocen su verdadera dimensión.

Alias "Pablo", un mando medio de la organización recientemente desmovilizado, dice que de cuando en cuando a las cabeceras municipales llegaban rebuscadores y traficantes de Glucantime, ofreciendo el producto a un precio que no superaba los 12 mil pesos por dosis (6 dólares aproximadamente).

Un antiguo enfermero de las Farc, conocido con el alias de "Carlos", reconoce que personas allegadas a los comités locales de salud se prestaban también para robar la medicina, que era tramitada incluso por medio de planillas oficiales.

Los empaques del Glucantime que tuvo en sus manos alias "Pablo" mientras estuvo en filas, tenían registros y sellos brasileños. Un porcentaje menor, eran frasquitos que venían del Ecuador con fechas de vencimiento que se extendían hasta el año 2014. Al salir de la selva, Íngrid Betancourt también dijo haber visto Glucantime comprado en Venezuela.

Y es que esta droga también se produce en América Latina. Un reconocido laboratorio farmacéutico europeo instaló en 2007 una planta en Brasil que fabrica ampollas de Glucantime a 1 dólar, buscando reducirle costos a los países compradores.

Pero es casi imposible, coincide la comunidad científica consultada, que las casas productoras vendan Glucantime a particulares, pues la distribución se hace bajo la supervisión de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Ahora bien, ¿es posible que la guerrilla o cualquier grupo por fuera de la ley compre de manera legal las ampollas? La respuesta es no. En Colombia y en casi todo el mundo, el Glucantime es objeto de rigurosos controles, como lo son aquellos que sirven para tratar la tuberculosis y la lepra.

"No están disponibles en las farmacias. El Ministerio de la Protección Social los adquiere para la distribución gratuita a todas las personas que se les diagnostique la enfermedad, independiente de su estado de afiliación a la salud", responde Lenis Enrique Urquijo Velásquez, director de Salud Pública del Ministerio.

Pero más allá de que exista un consenso frente a que las Farc son una organización terrorista, la verdadera razón de la restricción es que el tratamiento para la leishmaniasis necesita de una confirmación que sólo puede salir de un laboratorio.

No son pocas las historias de personas que estuvieron secuestradas por la guerrilla, atadas a un árbol con cadenas, a quienes les intentaron curar las llagas con ácido de batería, pólvora y ungüentos a base de jabón Rey (de lavar ropa). Procedimientos que según los expertos lo único que hacen es cauterizar las heridas, pero que dejan el parásito intacto. No por nada al sargento de la Policía, Julio César Buitrago (secuestrado durante 10 años y liberado en la Operación "Jaque") le dio nueve veces lo que también llaman "lepra de monte".

Además, pocos lo saben, pero el Glucantime mal inyectado es altamente tóxico. Dicho de otra manera: puede que uno no se muera de leishmaniasis, pero sí de una equivocada dosificación.

"El tratamiento tiene su aplicación según el peso y la edad. Nosotros nunca le entregamos las ampollas a los pacientes, en parte para que no las vendan y en parte por los riesgos que pueden ser mortales", explica Marcos Restrepo Isaza, director Científico del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad CES.

En medio de la humedad del trópico y de la intrincada geografía, alias "Carlos" debió en una ocasión amputarle el brazo a un guerrillero, pues esperaron durante meses y meses y el Glucantime nunca llegó.

"La herida se fue complicando hasta volverse un tétano gangrenoso. El compañero era consciente que su extremidad se veía y olía muy mal y por eso se resignó".

"Carlos" se tomó dos horas para preparar psicológicamente al guerrillero, en medio de una jungla que no daba más posibilidades. Sin pensarlo dos veces, este enfermero empírico introdujo en una olla a presión algunos pocos instrumentos quirúrgicos para esterilizarlos.

Luego, aplicó anestesia general y tendió al paciente sobre una camilla cubierta con plástico. "Teníamos pocos materiales, pero estaba la sierra, lo más importante para cercenar el hueso. Fue muy complicado por el miedo a una infección, pero es que la selva no te da más opciones", dice.

¿Tiene algo que ver el control del Glucantime, con que sea una droga apetecida por los grupos guerrilleros internados por años en la agreste manigua? "Sí tiene que ver", reconoce la mayor del Ejército y médica dermatóloga, Claudia Marcela Cruz Carranza.

No obstante, aquí aparece una paradoja y es que entidades como el Instituto de Medicina Tropical no pueden negarle la atención a personas que se hayan alzado en armas. Marcos Restrepo Isaza no tiene problema en decirlo.

"Aquí han llegado guerrilleros activos y lo intuimos por la zona donde contrajeron la leishmaniasis. También lo sospechamos porque no proporcionan ni el número de la cédula. En cualquier caso, es obligación atenderlos".

De manera errónea y durante décadas se ha dicho que la leishmaniasis es la "enfermedad guerrillera". Para nadie es un secreto que por la humedad y condiciones del bosque, el padecimiento brota con mayor facilidad en guerrilleros, paramilitares y soldados del Ejército Nacional, que son picados por el mosquito que deja a su paso el parásito.

Pero también se han visto llegar indígenas, campesinos y hasta raspachines de hoja de coca con sus cuerpos envueltos en llagas sin tratar. Iván Meléndez, de la Organización Indígena de Antioquia (OIA) confirma que la patología ha sido detectada en comunidades como las chamíes, emberas y katíos.

El municipio donde más campea la enfermedad es Turbo, en el Urabá antioqueño, con 77 casos reportados este año, según la Dirección Seccional de Salud de Antioquia. Le sigue Remedios (Nordeste) con 60, Valdivia (Norte) con 60, y Segovia (Nordeste) con 58. En total, Antioquia vio nacer este año 716 casos.

El mercado negro del Glucantime ha traído consigo también la aparición de estafadores que nada tienen que ver en el conflicto. Este año, al Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) llegó la denuncia de una extorsión a todas luces perversa: le estaban exigiendo a 42 jueces en Antioquia, a cambio de no ser declarados "objetivos militares", millonarios lotes con ampollas de Glucantime.

Sin embargo, quienes decían ser guerrilleros desesperados en busca de medicamento, eran en realidad delincuentes comunes que despachaban desde Barranquilla. Por ese hecho, tres hombres fueron capturados.

El mayor Carlos Duarte, comandante en Antioquia de la Policía Judicial (Sijín), utiliza una frase que le enseñó su madre para describir el fenómeno. "Extorsionar con Glucantime es más viejo que el modo de andar a pie".

Sucede que el extorsionista, generalmente desde una cárcel, le exige a su víctima grandes cantidades de ampollas, sabiendo de antemano que no las va a conseguir. "Nadie es dueño de su propio miedo. Entonces como usted averigua y se da cuenta que es para enfermedades del monte, se asusta y prefiere pagar los 4 ó 5 millones de pesos que le exigen para salirse del problema", alerta el mayor Farley Forero, comandante del (Gaula) de la Policía en Antioquia.

Es por eso que el tráfico de Glucantime carga consigo una suerte de sin sentido. Primero, que es barato pero se prohibe comercializarlo; segundo, que quienes no lo necesitan lo reclaman mediante extorsiones; tercero, que los que sí lo requieren y están por fuera de la ley no lo pueden comprar. Y una última: que en el mercado negro alcanza valores exorbitantes cuando cualquier cristiano que en su cuerpo lleve la enfermedad, puede acceder a él y gratis, para más piedra.