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"Humildad es verdad; orgullo, mentira"

  • Francisco Javier Saldarriaga A. | Francisco Javier Saldarriaga A.
    Francisco Javier Saldarriaga A. | Francisco Javier Saldarriaga A.
10 de junio de 2010
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Esta frase de Santa Teresa resume magistralmente las dificultades que afrontamos los seres humanos cuando de convivir se trata.

Frecuentemente no entendemos la razón de acciones y actitudes de personas o grupos de individuos que se comportan por fuera de toda lógica o que, queriendo ser paradigmas de la convivencia, se transforman en agitadores de masas que, enfervorecidas e irracionales, atacan y lanzan consignas polarizantes y agresivas contra quienes no comparten su forma de ver las cosas.

La celebración del segundo puesto por los Verdes, lanzando consignas difamatorias, agresivas, insultantes y calumniosas contra todos los que o no compartimos su modo de pensar o vemos con simpatía a otros candidatos, es una muestra cierta e innegable del talante pendenciero, recalcitrante e intolerante de una secta.

Así nacieron el comunismo, el nazismo, el fascismo y, para no ir muy lejos en la historia o en el espacio, el chavismo.

Todos se conformaron con base en consignas cortas, agresivas, descalificantes y venenosas, para atacar a quienes no compartían sus ideas y a su vez, resumían su filosofía.

En las carteleras de cine hay una película titulada La Ola, que describe un experimento social, que se llevó a cabo en una escuela; estuvo a punto de crear un caos al salirse de control.

Creerse el dueño de la transparencia y la legalidad es, además de una muestra de orgullo desmedido, una equivocación inconmensurable que muy fácilmente puede enceguecer y conducir al que se quiere arrogar esa propiedad, a cometer actos de los que, si es un ser honesto, se arrepentirá durante mucho tiempo.

Entre quienes pensaron que tenían una opción fresca, transparente, progresista y social, deben haber muchos arrepentidos porque eso no es lo que queremos los colombianos.

Por el contrario, si algo buscamos es el camino para conseguir la armonía como pueblo; ésta no se logra con acciones motivadas por el envanecimiento de quienes se creen impolutos y mejores que los demás.

Clasificar a los colombianos entre transparentes y opacos dispersa antes que unir; así no veo futuro para esa ola que, si se repiten los resultados del 30 de mayo, se diluirá como todas las olas, una vez llegue a la playa.

Allí hay intereses e ideologías dispares que se agruparon para intentar acceder al poder.

Reconocer los errores es además de sabio, una muestra de humildad.

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