El hombre no tuvo más remedio que subir por sus propios medios al techo de zinc de una casa vecina, para llegar a la segunda planta de lo que quedó de su rancho de madera, donde avistó el cuerpo calcinado de su pequeño Julián.
Ante sus ojos estaba el cuerpo sin vida del niño, que tomó en sus brazos y trasladó al patio de una vivienda contigua.
El menor fue la víctima mortal del incendio que se presentó a las 9:30 de la mañana de ayer en el barrio La Orquídea, de Bello, en una vivienda de tablas, lo que permitió la rápida propagación del fuego.
A pesar del esfuerzo de los vecinos y de la Policía (los primeros en llegar), no se pudo impedir la extensión de las llamas que fueron controladas por los bomberos.
Según la versión de la abuela, Marina Ciro, a cuyo cuidado estaba el pequeño, ella salió un momento de la casa a hacer una llamada telefónica, cuando regresó vio el rancho en llamas, y empezó la búsqueda desesperada del niño.
Desde las casas del vecindario apreciaron el cuerpo en un rincón de la alcoba de la segunda planta, donde lo rescató el papá, un joven obrero de construcción.
Consternada, la abuela recordó que cuando salió, el pequeño comió buñuelo y leche y quedó jugando con una gatica. Cuando volvía, dijo, "eso estaba en candela y yo gritaba el niño, el niño, el niño...".
A los vecinos los sorprendió el desenlace fatal porque no escucharon llamados de auxilio, y algunos contaron que, al parecer, él se devolvió a sacar algo de la casa cuando inició el fuego.
El cuerpo de bomberos de Bello no anticipó ninguna hipótesis sobre las causas del incendio, que investiga.
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