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Jazz y tango por la familia Suárez

TRES MIEMBROS DE este clan del barrio Santo Domingo sufren de labio leporino y paladar hendido. Además, viven en la pobreza extrema. Se organiza un concierto para obtener recursos y poderles ayudar con una casa.

  • Jazz y tango por la familia Suárez | Róbinson Sáenz | Juan Carlos, Adriana y Lina sufren de labio leporino y paladar hendido. A los niños les están haciendo cirugías. A la madre nunca la atendieron, pero anhela primero una dentadura, pues hace años se quedó sin ella. La enfermedad no los acompleja. La foto se publica con autorización de los padres.
    Jazz y tango por la familia Suárez | Róbinson Sáenz | Juan Carlos, Adriana y Lina sufren de labio leporino y paladar hendido. A los niños les están haciendo cirugías. A la madre nunca la atendieron, pero anhela primero una dentadura, pues hace años se quedó sin ella. La enfermedad no los acompleja. La foto se publica con autorización de los padres.
19 de agosto de 2010
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Viven en las faldas de Santo Domingo, en un rancho en el que todo se arruma en dos cuartos de no más de dos metros, entre tablas, humedades y el miedo que se mete en el cuerpo y la mente cada que llueven agua del cielo o bala entre los callejones.

Alejandra, Daniela, Lina, Juan Carlos y Sebastián, junto a sus padres Juan Diego y Adriana, conforman la familia Suárez Henao, un clan hundido en la miseria y al que tres jóvenes de Medellín intentan enderezarle la vida para que no se pierda entre los laberintos de la extrema pobreza y los sinsabores de una enfermedad que padecen varios de sus miembros.

Adriana, la madre, nació con labio leporino y paladar hendido, enfermedad que le generó exclusiones, pero que nunca imaginó que podía transmitírsela a sus hijos.

Sobre todo porque su primera niña, Alejandra, hoy de 14 años, nació normal. Pero luego vino Lina, que le heredó el mal. Después Daniela (de 9), Juan Carlos (de 6) y Sebastián (de 2), de los cuales Juan Carlos también nació con el defecto en su boca.

"No sabía que iban a nacer así ni quería tener tantos hijos, fueron llegando", dice Adriana, a quien su padre abandonó desde niña y cuya madre murió hace 8 años.

Hace 16 años unió su vida a la de Juan Diego, analfabeta y vendedor de agua y limones en las calles, con lo que gana muy poco para suplir tanta necesidad, "pero se parte trabajando, nunca descansa y medio consigue pa'la comida", sostiene Adriana.

Sus hijas presentan un visible atraso nutricional, que también se refleja en el avance escolar, pues aunque todos estudian, Alejandra apenas está en el grado 5.

Aún con sus limitaciones, los inunda la ternura. Y sueñan con tener una casa para irse de un barrio lleno de inseguridad y de un rancho que está a punto de caer, pues se levantó en una falda que cada que llueve empieza a botar tierra y obliga al papá a echarse la bendición y a poner una cruz en la pared.

Hace 4 años unos muchachos los están ayudando y su proyecto es darles una casa digna, "donde mis hijos puedan crecer, jugar y desarrollarse normal", dice Adriana.

Tatiana Velásquez, joven abanderada de la causa, lo invita a unirse, "porque vale la pena hacer algo por estos niños tan encantadores".

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