En un momento histórico para la Iglesia, la labor de cuatro hombres, Sumos Pontífices de la iglesia católica, fue resaltada ayer, mientras millones de católicos celebraron el anuncio de las canonizaciones de Juan Pablo II y Juan XXIII, "el papa bueno", como lo llamaban los creyentes, luego de que el Papa Francisco aprobara un milagro atribuido al primero y decidiera obviar la exigencia de un segundo milagro por parte del segundo.
En todo el mundo se sucedieron muestras de cariño hacia el polaco Karol Wojtyla, mientras las comparaciones con el carácter afable y el espíritu renovador de Francisco no se hicieron esperar. "El Papa Francisco está rompiendo esquemas y con muchos gestos nos ha hecho recordar a Juan Pablo II. Su amor por los enfermos, niños y pobres lo ha expresado con gestos que el mundo había olvidado", dijo a este diario el exembajador de Colombia ante el Vaticano, César Mauricio Velásquez.
Es la primera vez en la historia que dos papas son nombrados santos de manera conjunta y, aunque se desconoce la fecha de la ceremonia, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, aseguró que podría ser en diciembre próximo, mientras otras fuentes señalan el 8 de ese mes.
El milagro
El camino a la santidad de Juan Pablo II comenzó a pavimentarse el 8 de abril del 2011 en Tres Ríos, Costa Rica, cuando Floribeth Mora, de 50 años de edad y madre de cuatro hijos, despertó con un fuerte dolor de cabeza y, una semana después, le fue diagnosticado un aneurisma cerebral.
Ayer fue presentada por la Iglesia costarricense como la mujer a la que le fue concedida el segundo milagro realizado por el polaco, tras rezarle el 1 de mayo de ese año, el día en que fue beatificado por el hoy Papa Emérito, Benedicto XVI.
"Al siguiente día, cuando me desperté y vi una revista en conmemoración de la beatificación, y escuché una voz que me dijo: ‘levántate, no tengas miedo’", contó ayer una completamente curada Floribeth en rueda de prensa.
El anuncio se conoció el mismo día en el que Francisco publicó su primera encíclica, titulada Lumen fidei (La luz de la fe), cuyo eje fue la necesidad de recuperar la fe.
"Es urgente recuperar el carácter luminoso de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo", dijo ayer el Sumo Pontífice, quien recalcó que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer.
Monseñor José Octavio Ruíz, secretario de Nueva Evangelización del Vaticano, aclaró que "puede esperarse que el Papa siga siendo muy fiel a los principios del Evangelio, pero que habrá muchos puntos que no podrá cambiar. Por más que sea el Papa, no tiene autoridad para hacerlo".
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