Después de cuatro horas de estarse acicalando, poniéndose flores y adornos, La Silleterita salió entre bocinazos, gritos y fiesta.
Ella era una de las 80 chivas que se sumó al décimo desfile Chivas y Flores.
También estaban El Negro de Oriente, El Toche, Mi niña Kachaka y 76 carros más donde la algarabía era un factor común.
Se encontraron temprano, antes de las 9:00 de la mañana, en el cerro Nutibara. Llegaron allá para ponerse bonitas, porque cambiaron los plásticos que las cubrían por flores y en el capacete subieron adornos, silletas, y hasta televisores.
A esa hora, con el cielo amenazando lluvia para todo el día y los ánimos aún sin encenderse, la subida al cerro parecía más una terminal de transportes que la previa de un desfile.
Pero cuando avanzó la mañana el lugar se llenó de decoradores de chivas, delegaciones de pueblos y de curiosos que, cámara en mano, capturaron cuanta chiva parqueó en la vía.
Verlas pasar es como detenerse en el tiempo, porque gente con trajes típicos y música popular acompañan esta estridente caravana, porque chiva que no pitara es como que no hubiera estado.
Marcela Restrepo llegó con su mamá y su papá para montarse en una de las escaleras, tan populares como medio de transporte en los pueblos y tan comunes en la ciudad para la rumba, pero ya los cupos estaban completos.
"El próximo año madrugo más o contrato una, porque esto de las chivas es de lo más divertido y en plena Feria, ¡qué bonito!", dijo, mientras escapaba de un chorro de espuma con el que los pasajeros de esos dinosaurios del transporte público lanzaban al público que se filó a lo largo del recorrido.
"Yo soy de Andes, y me comentaron que había una chiva de allá. Así que me vine para verla, a ver si está bonita o no", contó Deogracias Jaramillo, quien hace ya años que no va a su ciudad natal.
"Tan berracos, home, llenar de flores lo que nosotros llenábamos de costales y gallinas", agregó el hombre, como pensando en voz alta.
Quien no supiera que ayer desfilaban las chivas, lo descubría cuando sentía acercarse los pitos de estos carros coloridos.
Después de dejar el Nutibara pasaron a la 70, para ser aplaudidas por los de las Mulas, fondas y arrieros, se devolvieron por toda la 80 hasta la Floresta, buscaron San Juan y la avenida del Ferrocarril, enfilándose hasta Premium Plaza, volvieron a coger la 30 y regresaron allá de donde partieron, a descansar y quitarse el maquillaje.
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