<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
HISTÓRICO
La Curva de Rodas tendrá casas, parques e industrias
  • La Curva de Rodas tendrá casas, parques e industrias | Proyecto modelo en 73 hectáreas, en 36 de las cuales se depositaron residuos sólidos. La transformación tomará 20 años más. FOTO JUAN FERNANDO CANO.
    La Curva de Rodas tendrá casas, parques e industrias | Proyecto modelo en 73 hectáreas, en 36 de las cuales se depositaron residuos sólidos. La transformación tomará 20 años más. FOTO JUAN FERNANDO CANO.
Por JOSÉ F. LOAIZA BRAN | Publicado

Sobre los 8,5 millones de toneladas de basura que se acumularon durante 19 años en la Curva de Rodas, hoy crecen grama y flores menudas silvestres. Los gallinazos y las moscas cedieron el vuelo a algunas gaviotas y otros pájaros para los cuales hay cebaderos instalados.

Ya no se ven roedores y en cambio cuentan quienes se encargan del mantenimiento del lugar que de vez en cuando una iguana se asoma, deslizando su cuerpo sobre la parte exterior del tubo de 1,2 kilómetros de largo, que contiene el caudal de la quebrada Rodas, que da su nombre al predio y corre bajo tierra partiendo el terreno entre Bello y Copacabana.

Diez años antes, al sitio llegaban cerca de 2.500 toneladas de residuos sólidos cada día, según recuerda la ingeniera Liliana María Montoya , subdirectora de Disposición Final de Empresas Varias, quien está al frente de los rellenos sanitarios Curva de Rodas y Pradera desde 2003.

Corantioquia ordenó el cierre definitivo del relleno sanitario a partir del 5 de junio de 2003. La ingeniera asegura que en ese momento aún había capacidad para depositar otros tres millones de toneladas de basura.

El proceso
Luego del cierre se han sucedido las etapas de clausura y postclausura. Según explica, en la actualidad el relleno pasa por la parte final de esta última etapa. Está pendiente la decisión sobre el uso que se le dará a este terreno de 73 hectáreas, que pertenece a Empresas Varias, pero está ubicado por mitades en los municipios de Bello y Copacabana.

"La decisión depende de los usos del suelo que tengan los Planes de Ordenamiento Territorial de los dos municipios", señala la responsable del manejo del relleno sanitario. Por ahora el uso es ambiental, pero más adelante podría ser industrial, según la vocación que está tomando la zona.

Después de la última tonelada vertida, las basuras fueron cubiertas por cinco metros de tierra y geomembranas. El abono que resultó del tratamiento del material orgánico, sirvió en algunas zonas para revegetalizar. El pasto creció de semillas del mismo entorno, que todavía es boscoso.

Todo bajo control
En el sitio, donde hace una década laboraban cientos de empleados de Empresas Varias y cooperativas, hoy quedan un ingeniero residente, 14 operarios de mantenimiento y un inspector de campo. Una de las prioridades en cuanto a la seguridad es evitar que se presente un incendio por lo que la vigilancia se redobla en diciembre, cuando cada globo en el cielo es considerado un peligro por el gas que todavía emana, aunque poco de las basuras enterradas.

Al caminar se siente calor pasando junto a cada una de las diez chimeneas encendidas que sobresalen del suelo y en las cuales se quema el biogás que todavía emana de la descomposición de la materia orgánica enterrada. No hay malos olores, solo una llama transparente, que en las noches deja al descubierto su verdadero tono azul.

La producción de biogás está en descenso, ya no tiene tanto metano en su composición, explica la ingeniera y agrega que la combustión libera dióxido de carbono, menos contaminante que este primer gas.

"Todo está instrumentalizado en el aspecto geotécnico para control de la estabilidad del terreno. Hace mucho tiempo que no se presentan grietas ni alteraciones" sostiene la ingeniera Montoya.

Agrega que los lixiviados que todavía resultan de la descomposición de la materia orgánica son transportados a la Planta de San Fernando, donde son tratados.

Todas estas consideraciones y cifras surgen mientras caminamos por el pasto, casi sin advertir que vamos a 56 metros de altura en promedio sobre el suelo que alguna vez tuvo el terreno, separados por una ladera de basura enterrada.

x