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La Iglesia no escapa a la crisis

  • La Iglesia no escapa a la crisis
21 de julio de 2011
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El mundo permanece en ebullición. La crisis parece una constante en la cotidianidad humana. En el mundo, cada día, algo masivamente nos conmueve: El ecosistema y el calentamiento global que amenaza nuestra especie; el decreciente poder político y económico de los Estados Unidos; la crisis de la moneda europea y su impacto financiero en todo el orbe; el terrorismo y su perverso influjo; las drogas ilícitas y su efecto devastador. Todo ello parece indicarnos que quienes afirman que la humanidad está enferma, tienen razón.

En nuestra Colombia, no vivimos la excepción. Nuestras peculiaridades nos muestran un pueblo grande que lucha denodadamente para vencer las amenazas y superar sus vulnerabilidades. Los efectos perversos de la corrupción y narcotráfico, acompañados de la inequidad socioeconómica, la debilidad de la justicia y las falencias en las funciones educativas, superan los efectos disolventes de la guerrilla.

Una de nuestras fortalezas, que ha contribuido a mantener la cohesión social y la resiliencia necesarias para hacer frente a la adversidad, ha sido la religión. Por ello, llama la atención y reviste trascendencia las declaraciones de dos figuras nacionales que gozan del poder de la palabra y que cuentan con un buen número de seguidores.

Los dos hablaron de fe y de dogma, conceptos estos muy cercanos, que frecuentemente convocan a la pasión y despiertan instintos de la naturaleza humana que la han llevado a episodios épicos, como también a la degradación y la ignominia. Unos y otros de decisiva influencia en los comportamientos sociales.

La entrevista que el sacerdote Gonzalo Gallo, de la comunidad carmelita, conocido popularmente como "el Padre Gallo", concedió a Yamid Amat, contiene temas que son fundamentales dentro de la religión católica: Se declara apóstata cuando afirma que no tiene religión; que no existe el cielo; que el infierno y el diablo son invención humana creada para intimidar y que la confesión de los pecados, ante un sacerdote, no tiene fundamento divino.

El S. J. Alfonso Llano Escobar, en su habitual columna del periódico El Tiempo , lo confronta y en forma fraterna le da un fuerte tirón de orejas. Le llama la atención por exteriorizar sus dudas sobre la obligatoriedad de la asistencia a misa, sobre la necesidad de confesar los pecados ante un sacerdote para lograr el perdón de Dios, y afirma que "el cielo es Dios que se da en premio a quienes han creído en Él". Sin embargo, acepta que la Iglesia necesita la crítica y que el cambio es imperativo.

Dos posiciones antagónicas, que brotan de miembros que profesaron una misma doctrina. Una rebelde, analítica, propositiva y acorde con las tendencias que hoy toman vigor, fundadas en la razón, la evidencia y el libre albedrío. La otra, tradicional, pegada al dogma, al sentimiento y a la fe por encima de la razón o la duda metódica. Las dos deben ser analizadas desde la óptica del necesario respeto a la opinión ajena y de la búsqueda de la verdad trascendente.

El Padre Gallo sostiene que la muerte es solo para la materia y que el espíritu es eterno. Eso, de ser cierto, ¿qué beneficio social implica y qué riesgos conlleva? Si el espíritu es inmortal y la muerte es un paso entre dos vidas, o un cambio en la forma de vivir, habría un espacio político inconmensurable para construir una macrovisión diferente de la vida y una prospectiva de mayor alcance a nuestras acciones terrenales, en la perspectiva del cambio social y en el contexto del bien y del mal.

Una afirmación del sacerdote rebelde me llena de preocupación. "El mal nace de la libertad que tiene el ser humano?" en cuanto la libertad es la quinta esencia de la conciencia.

Dos miradas de un trasfondo ético importante. El espacio no me da para referirme al fascinante tema de las mega-tendencias, a las cuales se refiere el Padre Gallo. Me limito a opinar que el despertar espiritual, la conciencia ecológica, el liderazgo femenino y el fortalecimiento del interés de la gente por la salud, constituyen un mirar positivo de la humanidad y una mejor perspectiva para este mundo en permanente ebullición.

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