HISTÓRICO
La retirada de Obama
Santiago Silva Jaramillo | Publicado el 19 de diciembre de 2011
El fin de la presencia estadounidense en Irak podría significar el aumento de la influencia de Irán en los asuntos de ese país y de todo el Medio Oriente. Sin embargo, el recuerdo de la cruenta guerra que lucharon ambos países en los años 80 podría ser un obstáculo insalvable para las ambiciones del régimen de Teherán.

El pasado 14 de diciembre, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, realizó una ceremonia simbólica en la que dio por terminada la intervención de las tropas de su país en Irak.

En su discurso, aunque repleto de agradecimientos a los cientos de miles de soldados de su país que pelearon en la guerra, se podía entrever una inmensa desazón; la pretensión de pasar rápido la página de un bochornoso capítulo de la historia estadounidense.

En efecto, Irak costó demasiadas vidas, a los estadounidenses y a los iraquíes, y las razones de la acción armada nunca fueron convincentes, pero en los últimos años parecían más bien incomodas. Aquella era una guerra indeseada, que nadie quería pelear y que por eso el gobierno de Obama (que la heredó de su predecesor) luchó con tanta dificultad por abandonar. Así pues, con las elecciones en Estados Unidos acercándose, Obama decidió cumplir una de las promesas de su exitosa y ya olvidada campaña fundada en la 'esperanza' de 2008: terminar la guerra en Irak.

La retirada de las tropas estadounidenses de Irak al finalizar este año y la prevista retirada de Afganistán en 2014 suponen además un cambio en la manera en que Estados Unidos entiende y maneja sus compromisos en el exterior. Estos años de frustrantes y confusas guerras (sumados a la precaria situación económica en casa) han dejado un público estadounidense poco dispuesto a aguantar la participación de su país en conflictos internacionales. Por supuesto, Estados Unidos no se convertirá en un país aislacionista; no se lo puede permitir. Pero los políticos estadounidenses serán mucho más cuidadosos en el futuro a la hora de involucrarse en aventuras militares en el exterior.

Ahora bien, además de este cambio en la estrategia global de Estados Unidos, la retirada de las tropas estadounidenses de Irak supone una reacomodación de poder en una región tan importante para el mundo, como inestable: Medio Oriente.

Muchos analistas han señalado el peligro de que el vacío de poder dejado por un Estados Unidos en retirada pueda ser ocupado por una potencia local como Irán. Las crecientes tensiones respecto del programa nuclear iraní, las agrarias relaciones entre Irán y Arabia Saudita y las amenazas de Teherán de bloquear el estrecho de Ormuz (vital para el tránsito del petróleo del golfo pérsico al mundo) parecen ser solo aristas de un conflicto más grande por la hegemonía en la región.

Sin embargo, en este juego de poder, Irán tiene varios obstáculos que le dificultarían conseguir una posición de supremacía en Medio Oriente.

Una parte vital del plan de Teherán es controlar el nuevo y débil sistema político iraquí, que en teoría, sin la presencia estadounidense, estaría vulnerable a su influencia. Aun así, a los dos países los separa su historia, pues desde 1980 hasta 1988 pelaron una guerra que dejó más de un millón de muertos y dos millones de heridos. De igual manera, la dirigencia árabe sunita de Irak no permitirá que su poder se vea mermado por los chiítas.