Leonel Estrada también fue poeta. Muchos lo conocieron como ortodoncista. Muchos lo reconocieron como un rey Midas del arte, que ayudó a catapultar artistas. Muchos lo vieron como ese hombre fundamental en la gestión cultural. Muchos lo abrazaron como pintor, como ceramista, como crítico, como creador de las Bienales de Arte de Coltejer, pero también, entre todo eso que fue al tiempo, escribió poesía.
"Mi mayor deseo es que mi poesía sea -escribió en 1990-, como dijo alguien, un pájaro en vuelo que más que pájaro sea el mismo vuelo, que reunifique cielo y tierra o que al menos, sea una banderita en el pico de una cumbre, que al roce del viento se mueva con ritmo: señalando que estoy vivo y que aún brota de mí, la imbatible esperanza".
Don Leonel murió el 9 de noviembre de 2012. Se murió su cuerpo, quizás, porque las letras siguen por ahí, su obra todavía se recuerda, y sus poemas, se publicaron en un libro: Mientras vivimos. Antología poética.
"Dicen que Leonel murió. Yo lo veo a mi lado como siempre", escribió en el prólogo María Helena Uribe de Estrada, su esposa.
A él la lucidez le duró hasta los últimos días. La poesía es un recorrido por esa vida prolífica: el amor, la familia, los viajes, la cotidianidad, el silencio, esas preguntas, esos pensamientos. Dios. Él pensaba que, y se lee en ese texto del 90 que hace parte del preámbulo del libro, le ayudaba, siempre, a conversar con Dios.
"En fin, que no es tampoco el fin, mi poesía son muchas y otras cosas. Por ejemplo, un Hotel de Verano en donde uno se recupera del cansancio de vivir. Una islita paradisiaca del Pacífico adonde se viaja para olvidar lo que ya estaba olvidado o para resoñar lo soñado... Es un telescopio con el que descubro otros mundos...".
Una poesía exteriorista, la catalogó Ernesto Cardenal en 1975. Una poesía que, expresa su nieto Martín Nova Estrada, transmite sus pensamientos y reflexiones, con los que hace pensar y, a la vez, disfrutar. Una poesía para saber que don Leonel aún está por ahí. En sus letras: "No puedo morime todavía/ porque debo leer/ ocho libros/ que tengo comenzados/ sobre mi mesa de noche (...)".
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