Un 16 de junio transcurre el Ulyses de Joyce, una de las obras hijas de la imprenta -junto a la Biblia y la Enciclopedia-, de la galaxia Gutenberg, "cuyo ocaso está tocando vivir de lleno". Así se atrevió a decirlo Enrique Vila-Matas en su más reciente novela, Dublinesca.
La mirada seria de Vila-Matas da la impresión de que fuera un sepulturero; de que tuviera las ondulaciones por llevar adentro, a punto de saltar, un gato encerrado: "En nada remedio la situación de la literatura si me quedo callado, todo lo contrario", dice. Hace una pausa, tal vez para darle campo a la siguiente pregunta. Pero no es así.
"Algunos escritores dicen que esta novela es una especie de truco, pues al enterrar la literatura también logré resucitarla. Es como si hubiera estado perdida, de parranda, y en Dublinesca regresara con su mayor vitalidad".
Dublinesca es la historia de Samuel Riba, el personaje del fin de una raza literaria, el último editor literario, fracasado, según él, por la llegada de la era digital, por el monstruo Google que amenaza el mercado de los libros y quien desea hacerle un entierro el 16 de junio, en la ciudad donde se constituyó la novela dublinesa por excelencia: el Ulyses de James Joyce, cuyo desarrollo sucede el mismo día.
Riba personifica el desenlace de un tiempo de incertidumbre donde nadie sabe lo que va a pasar, como si temieran que Google devorara a Gutenberg al estilo Pacman. Echando mano de lo que podría denominarse la comedia de la ironía trágica, en Dublinesca este periodista y abogado parodia el fin del mundo.
"En parte porque desde que tengo noticia de la existencia del mundo se habla de su fin. Todas las generaciones creen estar en la ciudad del fin del mundo. Esto está ligado a una angustia existencial y hay que entender que lo que hace el narrador de la novela, que no es el personaje sino el autor, parodia el fin del mundo".
No es el fin, sino el cambio
Sin embargo, Vila-Matas aclara que en sus años como escritor, que le dejan 14 premios internacionales, como el Rómulo Gallegos en 2001, por El viaje vertical ; el Ciudad de Barcelona (y dos más) por Bartleby y Compañía , y el del Círculo de Críticos de Chile (y cuatro más) por El mal de Montano , ha podido comprender que hoy no se puede hablar del fin de la literatura, sino de una transformación de la forma.
"Es muy posible que estemos en plena transformación de lo literario, en un momento de desbarajuste mundial de todos los niveles: político, económico y cultural. Posiblemente se deba a la incompetencia de quienes manejan la economía, el mundo bélico, la política y a la falta de dirigir en el mundo editorial".
Agrega que "para hablar de Dublinesca , según quién me lo pregunte, recurro a veces al estilo un tanto horrendo de esos escritores que acaban de ganar un premio mediático y explican de qué va su novela. Riba acaba de deshacerse de su editorial y se encuentra, en el ocaso de su vida, solo, vacío y aburrido; ha publicado a muchos de los grandes escritores de su época, pero en treinta años como editor no ha logrado encontrar a un solo genio".
Explica que no recurrió a la figura del escritor por ya haber sido tocada entre los 31 escritos que conforman su obra literaria, como en Bartleby , en la que indaga sobre los motivos que impulsaron a escritores como Rulfo, Rimbaud o Salinger a dejar de escribir.
"El editor es un tipo de personaje que no se había tratado. Que yo sepa, no hay una novela famosa en torno a un personaje de ficción que sea un editor, y, por lo tanto, en esta novela se hace interesante esa figura".
Para Vila-Matas, que en esta reciente novela no oculta su profunda admiración por escritores de la talla de Paul Auster y el chileno Roberto Bolaño, era necesario tomar un personaje que estuviera muy cerca del mundo literario, del mundo del escritor y "no hay nada más parecido a un escritor que un editor y nada más distinto, porque las diferencias entre un escritor y un editor son sutiles, pero tremendas".
Para él, Dublinesca es una especie "de paseo privado a lo largo del puente que enlaza el mundo casi excesivo de Joyce con el más lacónico de Beckett y que a fin de cuentas es el trayecto principal de la gran literatura de las últimas décadas: el que va de la riqueza de un irlandés a la deliberada penuria del otro; de la era Gutenberg a Google; de la existencia de lo sagrado (Joyce) a la era sombría de la desaparición de Dios (Beckett), de lo epifánico a la afonía".
Ese mismo embrollo del siglo XXI lo enfrenta la prensa, "es esa misma incertidumbre. Aquí se da en la novela el funeral de la literatura, de la era Gutenberg, quizá un poco premeditadamente, pero también es cierto que Riba lo celebra con unos amigos de forma disparatada y divertida, este funeral es una gran fiesta".
Finalmente, logra trazar esa frontera entre escritor y editor con la misma ironía con que escribió la novela: "¿Publicar una novela virtual? Eso es asunto de los representantes. Prefiero no usar el blog, porque existe el peligro de que me acerque demasiado a la política. Para los que prefieren hacerlo, los invito a darse un paseo por www.enriquevilamatas.com. Igual, la literatura de hoy es un muerto muy vivo".
Este escritor nacido en Barcelona hace 63 años, considerado como uno de los autores europeos más importantes, estuvo en Bogotá para el lanzamiento de su nueva novela.
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