Las familias de Martha Sánchez, Cristin Blanco y Antonio Pita se levantaron a las 3:30 de la madrugada, tiraron voladores, pusieron villancicos a todo volumen en el equipo de sonido comunitario, con el fin de despertar y recordarles a las 17 familias que aún habitan el destruido municipio de Gramalote, que era 16 de diciembre, día de la primera novena navideña del 2011.
Siguiendo una tradición de más de 35 años, los gramaloteros que viven en las pocas casas que siguen en pie se propusieron no dejar morir la costumbre de celebrar las novenas navideñas a las cuatro de la mañana.
En los años anteriores a la tragedia, este municipio se destacaba por la forma tan particular de celebrar dichas festividades. Acostumbraban hacer dos novenas: una a las siete de la noche para los niños y otra a las cuatro de la madrugada para los adultos que quisieran levantarse, pero casi siempre asistía la mayoría de sus pobladores, pues no querían perderse este ritual.
"Esta fiesta era todo un carnaval" anota don Pedro Sánchez, el único habitante que no abandonó el pueblo durante la tragedia. Después de la misa y novena de la madrugada se descansaba unas horas y luego, a la una de la tarde, salía una comparsa, organizada por los habitantes de uno de los barrios, a recorrer las calles y se armaba la fiesta, se tiraba harina, se pintaba a los amigos, la gente se disfrazaba y bailaba en el parque o en cualquier parte; "era un verdadero carnaval gramalotero", anota don Pedro.
La tristeza embarga a Nelcy Llanes, una joven de 23 años, quien hace un año se quedó con el disfraz y las pinturas lista para la fiesta. "Nuestra comparsa del barrio Santa Rosa era la mejor; seguro que era la mejor", anota Nelcy, a punto de sucumbir al llanto.
Nelcy está acompañada de su hermana Elena, sus amigas Angélica y Mireya Mogollón. "Pocas veces hemos venido al municipio después de lo sucedido, porque nos da mucho pesar verlo en este estado, pero quisimos venir hoy (el viernes pasado) porque se cumple un año del desastre y al igual que el municipio, nos encontramos solos, olvidados y casi sin esperanza", anotan las jóvenes.
La tristeza y el dolor que reflejan las muchachas es parecido al de muchos gramaloteros que ven con preocupación que, un año después de lo sucedido, no está nada claro el panorama para la construcción del nuevo Gramalote.
Erlinda Ibarra, quien en compañía de su esposo Carlos Humberto, eran los propietarios del supermercado La Morrocota, el más grande que tenía Gramalote, asevera que "los gramaloteros estamos dormidos, tenemos poco empuje y así es imposible. Los políticos y líderes nos seguirán embolatando. Cómo puede ser y qué podemos esperar si tan sólo un año ha pasado y los dirigentes locales y nacionales parecen que se olvidaron de Gramalote,".
"El presidente (Juan Manuel Santos) nos prometió que el 27 de noviembre, fecha en que se celebran las fiestas del municipio, nos visitaría con buenas noticias y faltando tan solo un día, cuando todos estábamos ilusionados y con recepción preparada, se nos quitó y mandó a la ministra de vivienda, Beatriz Uribe, quien nos reunió en Cúcuta y no quiso comprometerse con la fecha de inicio de la construcción del nuevo Gramalote, y ninguno de nosotros dijimos nada", afirma muy molesta doña Erlinda.
Pero sin importar el desaire del presidente, Gustavo Suárez se dio a la tarea de hacer la fiesta, en honor a la Virgen de Monguí y para celebrar los 154 años del municipio. "Es que aunque la gente diga que Gramalote ya no existe, para nosotros sigue vivo y cumpliendo años", asegura.
"Con la celebración de estas fiestas, la comunidad que aún vive en Gramalote estuvo muy comprometida. Es así como se recogió un dinero y pudimos traer un conjunto de cuerda, Los Embajadores del Merengue. Todos sus integrantes son oriundos de este pueblo, pero están ubicados en la vereda El Zumbador", comenta Gustavo. "También vinieron muchos pobladores que están en otros lugares cercanos, se armó tremenda parranda, con comida, cervecita, baile y sirvió de reencuentro".
Gramalote revive
Con el pasar de los meses, algunas personas regresaron. Por eso hoy, a pesar de que el 80 por ciento del municipio está en ruinas, hay 20 familias que se ubicaron en el barrio La Lomita.
Se podría decir que estas familias convirtieron su barrio en el nuevo Gramalote. Hoy se pueden encontrar allí ocho graneros, o negocios de bodegas como lo llaman ellos, dos peluquerías, una venta de cerveza que pone música, tres billares, tres restaurantes y cuatro carnicerías.
También pusieron en funcionamiento unas de las piscinas con que cuenta el municipio. "Allí se dan cita los fines de semana muchas familias que visitan Gramalote, se bañan, se toman unas cervecitas y hacen un buen sancocho", anota don Pedro Sánchez.
Decidieron, por unanimidad, levantar el veto que se había puesto a manera de luto por lo sucedido (aunque no hubo muertos) en contra de las rumbas. Es así como al día de hoy se han realizado dos fiestas, la de la Virgen del Carmen y de la Virgen de Monguí. Las dos incluyeron conjunto musical, bazar, traguito moderado, baile, mercado y mucha alegría.
Para estas festividades navideñas los habitantes de Gramalote decidieron, conmemorar el primer aniversario de la tragedia con una misa el día de hoy, en el mismo lugar donde la celebran cada domingo: el garaje de Luis Sánchez.
Luego, tienen pensado reunirse para hablar sobre la situación del municipio y, por último, realizar un gran bazar, pero sin baile porque no es una celebración, comenta don Pedro. "Se nota lo que le importamos al gobernador y al alcalde: ni siquiera fueron capaces de organizar un acto en conmemoración de todos los afectados por esta tragedia".
Gustavo Suárez, el mismo que organizó las dos fiestas anteriores, fue el encargado de animar a los habitantes para decorar el barrio con cadenetas y arbolitos de navidad en las aceras de las casas, así como siempre lo hacían los gramaloteros cada diciembre.
También construyeron un pesebre donde se realizarán las novenas a las siete de la noche para los niños y a las cuatro de la mañana para los adultos que quieran asistir. Ya están repartidas las familias por días para que se encarguen de la novena, tal como se hacían con las carrozas en años anteriores.
"Tenemos muchos planes para este diciembre, aunque estamos muy abandonados, no tenemos quién nos defienda. Sólo contamos con el padre Emín Mora. Con ese sí, para las que sean. Además, es damnificado también; por eso nos entiende, nos ayuda y defiende", comenta don Pedro Sánchez.
"Vamos a hacer unas fiestas navideñas bien bonitas, recordando aquellos diciembres. Ya se prendieron las velitas del 7 de diciembre por Gramalote, haremos novenas por Gramalote, tendremos la cena navideña por Gramalote y muchos otros tomarán y se emborracharán por Gramalote".
"Yo sé que hay muchos motivos para estar tristes, pero el mejor homenaje que le podemos hacer a nuestro municipio, es no dejar morir nuestra fiestas y tradiciones decembrinas, que fueron y son orgullo de todos los gramaloteros", comenta con mucha nostalgia don Pedro.
"En esta época es cuando más extrañamos a nuestra gente y nuestro municipio, porque como Gramalote no hay otro".
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