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HISTÓRICO
NEGOCIANDO CON COMITÉ DE APLAUSOS
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    NEGOCIANDO CON COMITÉ DE APLAUSOS |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 21 de agosto de 2013

La semana pasada les hice una pregunta bastante difícil a mis alumnos en la Universidad Eafit: "¿Cuáles son las causas del conflicto armado en Colombia?". Reconozco que era una trampa, que no había ninguna respuesta que nos dejara a todos satisfechos. Aun así, la lista de razones que me dieron sumó casi diez, desde las clásicas "causas objetivas de la violencia", hasta la exclusión política, la ausencia estatal o la ineficacia de la justicia.

Al final, uno de ellos preguntó por mi opinión y debo admitir que un "no sé", fue mi desconcertante respuesta. Solo estoy seguro de algo: que no es tan fácil, y que en problemas complejos como este, hablar de claridades y absolutos es mentir.

Lo que me preocupa es que comúnmente, cuando las causas de un problema son simplificadas, estas también se subestiman. Y nosotros no podemos darnos el lujo de dar por sentado las fuentes de nuestra violencia. Porque al momento en que creamos tener todas las respuestas, nos encontraremos con sorpresas que echarán todo a perder.

La sobrestimación también resulta inconveniente al pensar en el proceso de negociación. Es decir, asumir que va a lograr cosas que probablemente no tengan lugar. Su mismo nombre ("Proceso de paz"), trágicamente, nos habla de una condición que muy seguramente no alcanzaremos incluso con una eventual desmovilización de las Farc.

Lo que quiero decir que es no es tan sencillo; que no es tan fácil. Que cuando soltamos palabras como "paz" o "postconflicto" (en esto acepto un mea culpa) podemos estar cometiendo un vicio de defecto en un tema que requiere exceso.

Y el afán del gobierno por ganar apoyo al proceso a punta de simplificar su complejidad y exagerar sus posibles alcances, no le hace sino daño.

Simplificar causas del conflicto en Colombia y exagerar en los alcances de los posibles acuerdos en Cuba es condenar el esfuerzo al fracaso.

Esta no es una columna en contra de la negociación en La Habana, mucho menos (como podría considerar alguien de Gobierno) en contra de la paz; pero creo que el apoyo irrestricto y la unanimidad de opiniones le hace más daño al esfuerzo que se realiza en Cuba, que el disenso mismo. En efecto, cuando todos están de acuerdo, todos están equivocados; pues solo la competencia de ideas lleva a tomar decisiones socialmente provechosas.