Debo confesar que la determinación de la Corte Suprema sobre la no-validez judicial de la información de los computadores de Raúl Reyes me pareció el golpe bajo más fuerte que el país ha recibido en su lucha contra sus enemigos.
Los golpes en la entrepierna provocan algo de parálisis, el aire parece desaparecer por unos segundos y es necesario detenerse un instante, pero eso no significa que uno esté muerto, y por eso lo único por hacer es levantarse, tal vez con más determinación que antes y con una dosis de rabia que, bien manejada y no siendo enceguecedora, se convierte en un activo valioso.
Los estudiosos de la guerra advierten que ésta siempre es dura, normalmente larga y que algunas batallas no se ganarán, pero eso no significa que la guerra tendrá el mismo resultado.
La decisión de la Corte no implica que la valiosísima información obtenida del parásito que habitaba en Ecuador no sea verdad y que los aliados allí descubiertos o confirmados dejaron de serlo, y eso finalmente es lo importante. Este lamentable episodio solo implica que la guerra será más larga pero no que está perdida. Ni crean que van a ganar.
Los enemigos de Colombia, dentro del país y los que se refugian donde los "nuevos mejores amigos" deben estar de fiesta con esta noticia y siendo testigos jubilosos de las desgracias del país, de los errores consecutivos del Gobierno, de la poquedad de algunos partidos políticos dedicados al desquite por vía judicial, a la aprobación acelerada y a toda costa de leyes populistas de tierras y víctimas, sin importarles que van a quebrar al país, patrocinando discusiones conceptuales sobre el conflicto, quién sabe con qué propósito, mientras los hijos de nuestros campesinos pierden sus piernas al pisar minas de camino a la escuela. Pero ni crean que van a ganar.
La verdad, dependiendo de las minucias legales puede que no sea jurídicamente útil, pero no deja de ser verdad. Las leyes de Colombia no pudieron encarcelar a uno de los más nefastos presidentes que este país haya tenido en su historia, pero sólo los irresponsables le siguen dando tribuna y micrófono a quien dólares untados de cocaína y sangre de colombianos le llegaron "por la espalda". La gente no olvida ni se deja confundir por el que ahora intenta lavar su imagen posando de liberador de secuestrados a cualquier precio.
Esos "colombianos y colombianas" por las Farc, con las Farc o de las Farc, tal vez no podrán ser encarcelados, por ahora, pero es sólo cuestión de tiempo. Ni crean que van a ganar. Seguirán por un rato entre nosotros, como bacterias difíciles de erradicar pero sí de aislar, tal vez no de fusil ni vestidos de camuflado en la selva, sino camuflados con corbata, sombrero o turbante en el Congreso, ataviados con toga y armados con martillo en las altas cortes, con micrófonos en los medios de comunicación o con tiza y tablero mimetizados en la universidad, pero ni crean que van a ganar.
La victoria solo se ha aplazado. Va a implicar más esfuerzo y tiempo, pero al final el saborcito en la boca será mejor y más duradero. Tan duradero que alcanzará no solo para esta generación sino para las que siguen, esas que cuando estén estudiando la futura historia de Colombia sabrán que sus antecesores no negociaron su dignidad ni la de su país, que no "voltearon la hoja" para evitar "hacer olas", porque eso no era pragmatismo sino complicidad.
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