"La manera de transformar la ciudad no es a través de un plan… sino a través de puntos expansivos de realización concreta… siempre partiendo de la idea de que el curso de arranque del Proyecto de la Ciudad está en el Proyecto del Espacio Público. Yo creo que se tiene que acabar con la idea de que el urbanismo es una normativa, el urbanismo tiene que ser fundamentalmente una propuesta de construcción…".
"Lo que ha ocurrido fue que se implantó una nueva manera de entender el urbanismo, más de acuerdo con las necesidades reales de cada barrio, en vez de hacer planes demasiado generales y utópicos, que no habrían servido para nada. Este interés en el detalle del barrio ha permitido hacer unos cambios muy sustanciales que se notan porque son elementos que tocan directamente la piel del usuario".
He tenido como una sombra estas frases del urbanista catalán Oriol Bohigas, como también un recuerdo inolvidable y divertido cuando vino a Medellín invitado en junio del año 2007 para el encuentro sobre Urbanismo Social. El equipo de la dirección de planeación le explicó en detalle y de forma exhaustiva el trabajo que venían haciendo sobre el POT y los Planes Parciales, el subdirector, emocionado de tenerlo con nosotros y con el deseo de escuchar sus recomendaciones, le preguntó al finalizar la exposición, ¿maestro, qué nos puede aconsejar?
Todos lo miramos expectantes, y Oriol con su franqueza le contestó bruscamente, "me importan un carajo los planes, no tienen ninguna utilidad". Nos miramos todos en un silencio absoluto que duró un instante, pero ante el desconcierto de nuestros compañeros no pudimos contener la risa. "Visitemos los proyectos urbanos en los barrios, esos sí están transformando la ciudad", concluyó.
Aunque el escepticismo de muchos expertos sobre la incapacidad de los planes de ordenamiento de transformar la ciudad es justificado y nosotros en Medellín lo hemos vivido, no puedo estar de acuerdo con esta afirmación, no quisiera estarlo.
Una ciudad se debe hacer con planes y proyectos urbanos que deben ser parte de un proceso simultáneo, ambos definidos con precisión hacia las apuestas estratégicas de futuro. El plan con una mirada concreta y parado en la ciudad real buscando su implementación en solo 12 años de vigencia, un plazo corto si pensamos en los tiempos de la ciudad. Y de forma paralela la ciudad transformándose con acciones urbanas y proyectos catalizadores que tengan la sensibilidad de mejorar la calidad de vida de las personas en los barrios. Los dos deben ser pensados para ser ejecutados, pues la tragedia de los planes ha sido que se han concebido generalmente desde el deseo, y la realidad de la ciudad les ha pasado por el lado sin tocarlos.
Ahora que la Alcaldía está liderando un trabajo serio y profesional hacia la aprobación del nuevo POT, podríamos soñar que los conceptos de planear y ejecutar fueran uno solo. Que las mentes de quienes están dándole las puntadas finales para la aprobación del plan estén gobernadas con la lógica de la acción y de bajar el plan a la realidad concreta. Es posible que si nos inventamos con este proceso una palabra indisoluble, planearejecutar, Oriol cambie su idea
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