En el texto "Dos monólogos sobre la Prensa y la Cultura", de su libro " Ensayos liberales " -que cité recientemente al hablar de cómo entre los columnistas de los periódicos se frustraban muchos autores de libros- decía don Gregorio Marañón que los periódicos impiden la meditación, porque "la meditación es aperiódica", y son un obstáculo para la historia porque el monstruo de la actualidad propicia una distorsión de la realidad.
"Los periódicos -anota- están inspirados por un monstruo anormal que se llama la actualidad, el cual, entre otras cosas, padece de un defecto de la vista que no sé cómo llamarán los oftalmólogos; consiste en la incapacidad de apreciar el verdadero color y las dimensiones exactas de las cosas".
A raíz del rescate de los mineros chilenos, una noticia de inconmensurables proporciones, he reflexionado sobre estos dos conceptos del médico y escritor español del siglo pasado. Meditar (que en latín tiene origen en el verbo "medeor = curar, remediar, de donde viene la palabra medicina), exige detenimiento, aplicación, pausa, distancia. Es todo lo contrario de estar metido en el remolino de lo que acontece.
Informativamente, un periódico, un periodista, no meditan, recaban datos para narrar lo que ocurre. Por supuesto que piensan, analizan, atan cabos, pero no meditan. Ni suele meditar el lector, metido también él en la batahola de las noticias, a las que por lo demás la radio y la televisión, cada vez de manera más apabullante, más asfixiante, privan casi por completo del ritmo pausado que propicia la lectura de la prensa escrita. Y si además, un hecho tan avasallador como el rescate de los mineros se apodera completamente del horizonte noticioso de todos los medios y de todos los espacios durante el día y la noche, no estamos siendo solamente informados, sino metidos casi hasta el ahogo en lo que está ocurriendo.
No hay lugar para la meditación. La actualidad, o porque los medios magnifican los hechos o porque los minimizan u ocultan, al amparo de motivaciones no precisamente periodísticas y que responden a otros intereses, acaba siendo pervertida, o por lo menos no reflejada con exactitud. Es ese defecto visual de que habla Marañón: la incapacidad de apreciar el verdadero color y las dimensiones exactas de las cosas.
Es por eso, supongo, que el autor citado alerta sobre la tergiversación que se puede dar a la historia desde los medios de comunicación. Sin lugar a dudas los periódicos viejos y los archivos radiales y audiovisuales son hoy para nosotros, y lo serán para las futuras generaciones, fuentes documentales invaluables. Pero habrá que corregirles siempre las apreciaciones incorrectas surgidas de ese defecto de la vista que tiene el "monstruo anormal" de la actualidad. Como esta del llamado milagro en el desierto de Atacama.
Milagro, para no salirnos del placer de las etimologías, viene de "miráculum", que nace del verbo latino "mirari", origen de nuestro escuálido y simplicísimo pero maravilloso verbo "mirar". "Mirari" significa realmente admirar, quedarse en suspenso, maravillarse, mirar con admiración. Ese asombro ante la gran hazaña tecnológica y de planeación humana que rescató con vida de las entrañas de la tierra a los mineros chilenos, fue el verdadero milagro. A la sombra de Dios, misteriosamente presente, y al amparo de la fe y la oración, entre la impotencia y la conquista. Que no otra cosa son los milagros.
P.S. Los milagros, dice uno de los Padres de la Iglesia, tal vez san Agustín, no se producen en contra de las leyes de la naturaleza, sino según leyes de la naturaleza que ignoramos.
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