Espacios integrados, profusa iluminación natural, una atmósfera contemporánea que invita a habitar cada metro cuadrado. Tres cualidades que definen la nueva personalidad de esta vivienda de Laureles.
El arquitecto Carlos Molina fue el encargado de renovar esta casa, situada en una tradicional zona residencial de Medellín en la que ahora predominan los edificios.
Molina quiso serle fiel al entorno y conservó algunos de los elementos originales del lugar, como la piedra bogotana, característica en muchas construcciones de la zona.
“Se respetaron las preexistencias de la casa. Siempre se estudia el entorno y creo que se logró un diálogo de épocas interesante”, afirma el arquitecto responsable de este proyecto.
El respeto por algunos elementos originales puede percibirse desde la fachada. Allí, la piedra bogotana de apariencia lisa contrasta con el blanco de los muros que fueron revocados con arena de cuarzo.
Originalmente, la vivienda era de un solo nivel, en este caso, se decidió ganar más espacio creando tres niveles.
Áreas flexibles
En la primera planta, que puede divisarse por completo desde la entrada principal, se encuentran la sala, el comedor, dos patios, la cocina y el solarium.
La cocina está totalmente integrada al salón comedor. Esto permite versatilidad y movilidad a los habitantes de la casa. En este lugar, en el que predominan tonos planos de rojo, negro y blanco en el mobiliario, es posible tener una cena familiar o atender a los amigos más íntimos. Un espacio vital y de socialización en el que ningún detalle se dejó al azar.
Este era uno de los aspectos que tenía claro Molina, quería ante todo integralidad en los diferentes ambientes del hogar. Por esta razón, cuando propuso una cocina completamente abierta, sin presencia de muros, contó con el apoyo irrestricto de los propietarios. Este es uno de los espacios que más orgullo le produce al arquitecto.
Momentos cotidianos
En la casa original, las habitaciones se encontraban en el primer nivel. En el nuevo proyecto, se conservó allí un cuarto de huéspedes y un baño social.
Entre la primera planta y el segundo piso se encuentra una sala de estar, un espacio de transición en el que unos cómodos sofás y un home theater de última tecnología, invitan a vivir agradables ratos en familia.
Sin lugar a dudas, uno de los espacios que más llama la atención es el solarium, en el que se incluyó una piscina de dimensiones pequeñas, en perfecta armonía y proporción con el entorno. Una zona que invita al descanso y a relajarse. Aquí aparecen elementos naturales como la madera, que se combina maravillosamente con otros materiales como el vidrio.
Este lugar de la casa, que luce magnífico cuando el sol ilumina con intensidad, adquiere un matiz especial en la noche gracias al cristanac, un material que brilla en la oscuridad, como si las estrellas se reflejaran en el agua.
En el solarium se incluyó un turco y un baño. Una de las ventajas, es que el acceso a esta zona puede realizarse desde el segundo piso, donde se encuentran las habitaciones familiares, a través de un corredor exterior sin necesidad de atravesar el área social.
Descubrir los patios
Como dos pequeños oasis, los dos patios del primer nivel son elementos originales de la casa que el arquitecto decidió conservar. Molina encontró en el trabajo de los paisajistas Jorge Mesa y Carlos Uribe el complemento perfecto para su propuesta.
“Creo que hay que generar terrazas, corredores y balcones. Es importante que los habitantes de la casa miren hacia afuera y tengan contacto con el exterior”, afirma.
Esta casa es producto de un equipo de trabajo que incluyó al ingeniero Bernardo Marín y a los paisajistas Mesa&Uribe.
La integralidad, la flexibilidad espacial y la luz, hacen de esta residencia de Laureles un lugar en el que provoca quedarse. Un encuentro entre diferentes épocas arquitectónicas, en el que se conserva el encanto de lo tradicional y la belleza simple de lo moderno [P]