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SE CREEN DIOS

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19 de octubre de 2013
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Hay unos personajes que por méritos, por razones de sucesión o por componendas e intrigas, logran llegar a altas posiciones que les permiten concentrar un gran poder. Y muchos se vuelven unos dictadores, convencidos que son Dios. Lo acabamos de ver en Venezuela, donde Chávez, dueño de todos los poderes se creía Dios y ahora después de su muerte, lo están "madurando" para legitimarlo como tal.

El poder tiene, para quien no es capaz de manejarlo con humildad, el gravísimo problema que le deforma la realidad. El poderoso se cree Dios, dueño del mundo y sus alrededores.

En nuestro medio tenemos muchos que se creen Dios y como no lo son, son arrogantes, prepotentes, injustos y arbitrarios, todo lo contrario a lo que es Él. Creen que el dinero les da supremacía sobre todo y sobre todos o que su posición les da patente de corso para abusar, manipular y acomodar todo a sus intereses. Andan vestidos a la última moda, en carros blindados, con escoltas, pues se sienten inseguros porque hacen tanto mal que van por la vida no ganando amigos sino enemigos. Se olvidan de sus amigos del colegio, solo se relacionan con los de su calaña, conformando un Olimpo de soberbia, irrespeto y ambición.

Son "caramelos escasos", que se creen únicos en el álbum de la notoriedad.

No caminan, levitan. Van con la ofensa en la mirada. Viajan siempre en primera clase y se hospedan en hoteles cinco estrellas (por cuenta de la Compañía que presiden) y dictan normas, así sean equivocadas, que todos los de su entorno deben acatar. Son asiduos defensores de la vida privada (de la suya), cuando se inmiscuyen en la de todos porque sienten que tienen el derecho a saberlo todo. Y sus vidas privadas son un completo desorden, lleno de infidelidades, vicios e intrigas. Por eso exigen ese respeto. Son prohombres en lo público pero unos cafres en su intimidad.

Pero a todos les llega el día en que los bajan del pedestal. Y las circunstancias los vuelve humanos, hombres del común. Son reemplazados por una nueva generación de dioses y los mandan al infierno terrenal. A ir al banco a consignar, a montar en clase económica en los aviones, a pagar de su bolsillo la cuenta del celular, a ir a mercar y a volver a los "sitios donde se amó la vida".

Se creen Dios pero Dios no hay sino uno. Los personajes en mención, absolutos y convencidos que son los dueños del mundo, tarde que temprano la vida los vuelve mortales, comunes y corrientes. Mientras más poder tenga, más sencillo y humilde sea para que sienta el aprecio y la admiración de los que lo rodean. Ojo, humilde no quiere decir pendejo.

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