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Se rajó el profesor

  • Ramiro Valencia Cossio | Ramiro Valencia Cossio
    Ramiro Valencia Cossio | Ramiro Valencia Cossio
04 de junio de 2010
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Aunque el voto es secreto, debo confesar que el domingo pasado lo deposité por el profesor Antanas.

Mejor dicho, no por él, sino por una manera de presentarle al país el camino de los valores que, construidos comunitariamente, nos hagan relacionarnos con respeto, honestidad, sometimiento a la ley, y buscando el bien de todos.

La presencia de Fajardo como vicepresidente, a quien aprecio y admiro, también fue factor para la decisión.

Dudé mucho, reflexioné más y aun en el cubículo pensaba si estaba haciendo lo adecuado.

Pero por mis hijos y sobre todo por mis nietos, me decidí por un intento nuevo, pero aventurado.

Cuando el domingo en la noche vi salir al profesor Antanas para hablarles al país y a sus seguidores quedé estupefacto.

No era un hombre normal el que se paseaba, como un robot, por el escenario. Ni sus movimientos, ni sus actitudes, ni su discurso decían nada.

No pudo hilar su discurso porque ese espectáculo de jardín infantil se lo impidió.

Sentí vergüenza por mí y pena ajena por él.

Él no dirigía al auditorio sino que los asistentes le imponían el ritmo con estribillos de manifestación estudiantil de la época mamerta.

Y yo pensaba para mí con cierta verraquerita por mi voto... "si éste no maneja un auditorio de sus propios seguidores, ¿cómo va a manejar un país?"

Yo no podía creer lo que veía y escuchaba. Detrás del profesor un Lucho Garzón boquiabierto e ido. ¿Estaba ebrio? (¿Entonces un "atajo" a la ley seca?) ¿Estaba en shock? No lo sé, pero el espectáculo fue deprimente.

Desesperada, la esposa del profesor se le acercaba por detrás para "soplarle al oído" lo que tenía que decir.

Y él daba vueltas por la tarima, de estribillo en estribillo.

Pero lo que más me indignó es que eran mentiras lo del respeto al otro: resulta que los únicos honestos eran ellos, los limpios, los incorruptibles... el resto de los once millones que votaron por sus candidatos lo hicieron comprados, por el tamal y el guaro y votaron por la guerra y la sangre.

Y se escuchaban gritos contra el presidente Uribe.

Se olvidaron de los valores, del otro, del respeto, de la construcción en común de una sociedad de todos. Todo era mentira. El profesor nunca recriminó estos antivalores e irrespetos. Nuevamente sentí vergüenza. A mí se me desbarató el tinglado y el profesor Antanas se rajó.

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