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HISTÓRICO
SOBRE EL HONOR MILITAR
  • SOBRE EL HONOR MILITAR
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 26 de febrero de 2014

Si los medios nacionales no pueden prescindir de la presunción de inocencia, mucho menos debe hacerlo el mismo presidente de la República. Para ningún ciudadano. Pero resulta particularmente doloroso que lo haya hecho justo con los militares, que se han ganado a sangre y sudor un puesto que toda la sociedad colombiana reconoce dentro del entramado institucional de nuestro país.

A los medios de comunicación no se les puede pedir que presuman de un título de derecho, pero sí que hagan acopio de prudencia y responsabilidad; que entiendan que el poder que les confiere su posición es ante todo un deber ético frente a la información.

Es una vergüenza que, por ganas de crear un festín mediático -como lo señaló el sensato editorial del periódico El Colombiano del pasado 18 de febrero- se deshonre a quienes a pulso se han ganado los honores de pelear nuestra guerra.

Sin embargo, la reacción de algunos medios de comunicación no es extraña, decepcionante, claro, pero no sorprendente. Es la frialdad del presidente respecto a militares que han sido responsables de las más importantes victorias contra las Farc (muchas de las cuales han servido al presidente para vanagloriarse sistemáticamente), lo que desconcierta. Esto, y el que haya sido tan decidido -precisamente él, que es tan indeciso- en condenar a los militares.

En efecto, al conocer sobre la publicación, el presidente respondió a los periodistas que ya le había pedido al Ministro de Defensa que tomara "medidas ejemplarizantes…". Pregunto ¿tenía la información suficiente, a horas de la publicación, para hacer ese pedido?

Esto no quiere decir que no haya lugar a investigaciones, pero las ligerezas del presidente de la República frente a todo el episodio parecen haber echado al traste el constante reto de aspirar a la imparcialidad judicial.

Ahora bien, el primero con una responsabilidad de defender a las Fuerzas Militares es su comandante en jefe. Y Santos les ha dado la espalda (algunos sostienen que incluso una puñalada) a muchos militares. Por eso no parecen creíbles sus declaraciones durante la ceremonia de posesión de la nueva cúpula, en tanto a "tener los mejores intereses de los militares en la cabeza".

En realidad, y por polémico que resulte decirlo, merecen más respeto los guerrilleros que les disparan de frente a nuestros soldados, que los políticos que los apuñalan por la espalda. Eso es lo más doloroso del golpe, que vino desde la casa, desde el lugar en donde muchos militares deberían sentirse seguros.

Todo el episodio resulta terriblemente frustrante, pero me convence cada vez más que el honor resulta extrañísimo para aquellas personas que precisamente carecen de él.