HISTÓRICO
Tabletas: una gran estrategia a la que le faltan aplicaciones
  • Tabletas: una gran estrategia a la que le faltan aplicaciones | Muchos de los niños beneficiados con las tabletas viven en los municipios más remotos del país. Desde el 2010 se han entregado cerca de un millón. FOTOS MINTIC
    Tabletas: una gran estrategia a la que le faltan aplicaciones | Muchos de los niños beneficiados con las tabletas viven en los municipios más remotos del país. Desde el 2010 se han entregado cerca de un millón. FOTOS MINTIC
POR DANIEL RIVERA MARÍN | Publicado el 05 de julio de 2014

Dicen en Hispania, suroeste de Antioquia, que los muchachos —hoy cabizbajos, con los ojos atentos en un solo punto, silentes— no son lo que eran: esa bulla que corría por las calles, que se subía a los árboles del parque. La tecnología, dicen, los calló. Ya el juego está en el Facebook, en el Twitter, en los chats. Desde que el presidente Juan Manuel Santos estuvo con el gobernador Sergio Fajardo en el pueblo, hace dos años, entregando tabletas a todos los estudiantes del pueblo, los hábitos se trastocaron.

Los cambios traen consigo la zozobra de lo diferente, y con el caso de la tecnología, la modificación de los comportamientos. Hay en Hispania los que lo entienden, los que ven en que el pueblo sea el único del país donde todos los estudiantes tienen una tablet la apertura de lo nuevo: el mundo en la pantalla, la posibilidad de un correo electrónico, de las redes sociales, nada vital, pero si importante.

Yulisa, estudiante de décimo grado del colegio Aura María Valencia que pretende algún día venir a Medellín a estudiar Medicina en la Universidad de Antioquia, comparte en las noches la tableta con su madre, Morelia, que recién se graduó de bachillerato luego de validar en la nocturna. Fue Yulisa quien le enseñó a Morelia a buscar en Google, a abrir una cuenta en Facebook, a tener un correo en Gmail, todo lo aprendió en el colegio y siguió la orden que le dieron de "replicar en la casa".

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Hace 22 años, en la hora de recreo, los muchachos nos arremolinábamos detrás de una pelota, buscábamos peleas absurdas, apostábamos con las canicas, volteábamos tazos; el uniforme quedaba hecho jirón. Entrando en el Aura María Valencia son pocos los que se corretean; los muchachos forman pequeños grupos, charlan y miran sus dispositivos. Me acerco a tres muchachos y todos mueven los dedos rápido, cada uno en su tableta juega una pelea que parece difícil: dos robots se disparan de lejos.

Gabriel Martínez es el coordinador académico y de convivencia de la institución y desde lejos observa que todo marche bien, dice que con la tecnología en las aulas empezaron los cambios, que primero los de comportamiento: antes los muchachos eran más dinámicos, ahora están ahí metidos, y señala a un grupillo. Y está lo otro: que antes muy pocos sabían qué era eso del correo electrónico, qué eran las redes sociales, qué era Youtube y el entretenimiento bello de mirar. Ahí las fortalezas, reconoce, los muchachos están aprendiendo de otras maneras y otras cosas, y de eso se trata la escuela.

Y está el problema real: la conectividad que no alcanza para más de mil tabletas; la falta de aplicaciones pedagógicas bien diseñadas, entretenidas, porque la mayoría de los contenidos educativos son largos y cansones libros de texto en PDF. Carlos Daniel, estudiante de grado once, contará que para las clases descargan diferentes diccionarios y textos como la Constitución Política, pero no hay más.

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En la pasada disputa electoral el candidato del Centro Democrático Óscar Iván Zuluaga propuso que había que volver a una jornada única escolar de ocho horas, la propuesta fue recogida por sus contrincantes. Entonces hablamos con el doctor en Educación y exdecano de la Facultad de Educación de la Universidad de Antioquia Queipo Timaná, quien advirtió que propuesta tan encomiable era a todas luces inviable por la cantidad de estudiantes que hay en el país, por la deficiente infraestructura, por la falta de un censo de maestros que de cuenta de cuántos son y en qué están especializados.

Timaná asegura que la mejor manera de impulsar la educación nacional, que en las últimas pruebas Pisa ocupó el penoso puesto 62 de 65, es la incursión digital: las tabletas, sí; los computadores, también; los tableros digitales, que no falten; pero que esté ahí la conexión óptima, los programas apropiados, que es lo que hace falta.

Yinna Paola Higuera Bernal es la gerente del programa Todos a Aprender del Ministerio de Educación que actualmente trabaja, y desde hace cuatro meses, en unidades didácticas digitales que permitirán la "apropiación de competencias en lenguaje, matemáticas, ciencias naturales y sociales e inglés". Tales aplicativos estarán en las tabletas de los estudiantes en diciembre, por ahora, dice, tienen los contenidos 1.0, lo que quiere decir textos, libros de texto en formato digital.

De esta manera, comenta, Timaná, con aplicaciones bien formadas, con una cobertura digital importante, se podrá llegar a la ruralidad, que es donde la educación está más necesitada, porque sólo en Antioquia hay más de 3.600 escuelas encaramadas en montañas difíciles a las que no llega la señal de internet ni trepada en burro.

El secretario de Educación de Antioquia, Felipe Andrés Gil Barrera, cree que la incursión de las tabletas en el aula ha llevado la modernidad a los salones de clases de los pueblos, de las veredas, como sucede en Hispania, donde en las doce veredas hay tabletas, sin embargo opina que el énfasis debe estar en la creación de herramientas y que por eso el Departamento construyó un "metaportal" con contenidos, juegos, temas pedagógicos interactivos, clases maestras.

Pero la preocupación de Gil Barrera está, sobre todo, en que el Gobierno central se ocupa de conectar únicamente los cascos urbanos, dejando por fuera la gran ruralidad, donde no está ni la mejor infraestructura ni los mejores profesores.

Pero también hay los casos en los que las tabletas desbordan la capacidad instalada que lleva el Ministerio TIC a los municipios. Yulisa, la jovencita de Hispania, por ejemplo, cuenta que en el parque de su pueblo, al mediodía, cuando todos sus compañeros salen y se quedan sin la señal del colegio y se conectan a la red del Idea, el correo se va al piso, los juegos se paralizan y, entonces sí, salen a corretear por las calles Hispania.