Si hay un indicador de que las empresas antioqueñas son responsables con la seguridad es que en 14 meses sólo dos accidentes graves robaron titulares de prensa.
¡Claro!, no fueron cualquier cosa, pues se trató del sufrido por un bus de Rápido Ochoa en un abismo de Carmen de Atrato (Chocó), que dejó 48 muertos, y el de Transoriente en San Luis, que dejó 24 fallecidos.
El resto de año no hubo siniestros graves. El hecho lo destaca Santiago Gómez Barrera, gerente de las Terminales Norte y Sur de Medellín, quien además llama la atención de un fenómeno: que los dos percances ocurrieron en temporada alta, el de Chocó el 2 de febrero (finalizando vacaciones) y el de San Luis el 4 de abril, retorno de Semana Santa.
"Se debe al agotamiento, que en las temporadas en Colombia no se controla, es en esas épocas cuando más accidentes graves ocurren".
Es decir, ante la cantidad de viajeros, las empresas agotan sus recursos y organizan viaje tras viaje sin darles mucho tiempo a sus conductores para que descansen. Igual, se da también un mayor desgaste de los vehículos.
Eso, dice el funcionario, no les corresponde a las terminales controlarlo. Son las autoridades de Tránsito las llamadas a hacerlo, pero hay un agravante: en el país hay libertad de horarios y tarifas.
"Lo único que podemos hacer y lo hacemos con rigor es el control de alcoholemia. Conductor que registre algún grado de alicoramiento no puede viajar", comenta.
Y aclara que en las terminales no se hacen revisiones técnicas de vehículos ni se decide si un bus puede partir con viaje o no, dependiendo de su estado mecánico.
También denuncia que hay fenómenos que las autoridades deben controlar, como el sobrecupo que se genera con la piratería de pasajeros. Esta se da de dos formas: los mismos conductores contratan pasajeros por fuera de la empresa y en la carretera los recogen por tarifas más bajas. La otra es que empresas ilegales ofrecen viajes más económicos, no salen de las terminales sino que recogen a los pasajeros en determinados sitios y los llevan a sus destinos, pero sin ninguna seguridad y ni siquiera seguros contra algún siniestro.
Finalmente, dice que su dependencia tiene una oficina de quejas, con un software montado en el que se especifica el nombre de quien la pone, el día, la hora, la fecha y el motivo. Estas quejas se tramitan hacia las empresas y hacia las distintas autoridades, dependiendo de quien corresponda, y si hay respuesta se tramita y se guarda archivo.
Es un programa bien organizado y manejado por la jefe operativa de las Terminales, María Fernanda Galeano.
El año pasado, por ejemplo, se recibieron 443 quejas de pasajeros contra las empresas de buses, 136 de ellas por conducta y trato del conductor, seguidas de horarios, con 92, y sólo 11 por daños en los vehículos.
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