Reconoce que fue “una mierda” en el colegio. No salía al tablero porque no le daba la gana. Y en la casa era ensimismado, encerrado, alejado de la familia.
Pensar que ese “pelao” es ahora un emprendedor que, en una semana, tiene hasta 10 reuniones con empresas, universidades, funcionarios...; llama al exterior, gestiona, investiga, busca eventos... Todo, por su obsesión: que las personas discapacitadas tengan las mismas condiciones de vida del resto de la gente.
El espíritu humanitario de Felipe Betancur Posada se transmite por la sangre. Así como su abuelo Tulio donaba muchos de sus trabajos de carpintería, su padre Óscar viajaba 18 horas en carro para llevarles libros a los jóvenes de Urabá, y su hermana Adriana, como trabajadora social, les dedica la vida a los discapacitados en la Asociación Amigos con Calor Humano, Felipe sacrifica fines de semana, salidas a comer y los paseos que tanto le gustan, porque primero tiene que adaptar una camarita para que los ciegos “vean” con los sonidos, enseñarles a los empleados de una biblioteca a tratar a los discapacitados o visitar los pueblos de Antioquia para que, gozoso, el campesino sepa que su hijo, pese a la lesión, también puede disfrutar la vida.
El amor por el otro también lo aprendió al ver esa entrega de sus padres para atender las crisis diabéticas de su hermana Adriana.
Entonces aprovechó esa pasión por la tecnología que tuvo desde siempre y aconsejó al papá: “Mejor regalar audiolibros porque el transporte de los CD es más barato y en ellos caben decenas de libros”.
Tras el incendio que llevó la tragedia a Moravia en 2007, la familia Betancur compró regalos en El Hueco y se los llevó a las víctimas. Pero a los del barrio Felipe les dejó claro algo: todos podemos ayudar, idea que se convirtió no solo en una fundación de bella labor social sino en el sustento de él y los suyos.
Aunque empezó Ingeniería de Producción, la tecnología pudo más y por ella abandonó rápido la carrera y se metió en el Diseño Web. La Fundación tuvo su sitio en Internet y en 2009 su constitución legal.
Por el servicio social, Felipe también dejó la importación de equipos electrónicos, actividad que desempeñó desde adolescente.
Además de su padre, en la institución trabaja Verónica Arango, su amiga incondicional. Explorar nuevas herramientas que les faciliten la vida a los discapacitados y adaptarlas a ellos para que les queden asequibles, son sus principales objetivos.
Como empresarios ya ganaron premios en Parque E, de la Alcaldía, y Antójate de Antioquia, de la Gobernación. Y como humanistas, visitan los barrios más pobres de Medellín para generarles alegría a los niños en épocas sagradas para ellos, como Navidad y Halloween.
Les falta cumplir su gran sueño: masificar su tarea. Que el trabajo de esas dos manitos que representan la Fundación les ayude a muchas, cientos, miles de personas discapacitadas a gozar de desarrollos que parecen inalcanzables para ellas.