Los Estados Unidos están abandonando su papel como el campeón global de los derechos humanos.
Las revelaciones que indican que altos oficiales están señalando a personas para ser asesinadas, incluso ciudadanos estadounidenses, son sólo las pruebas más recientes y perturbadoras de cuan lejos ha llegado la violación a los derechos humanos en nuestro país. Este desarrollo empezó después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, y ha sido sancionado y aumentado por acciones ejecutivas y legislativas bipartidistas, sin desacuerdo por parte del público en general. Como resultado, nuestro país ya no tiene autoridad moral para hablar de estos asuntos críticos.
Aunque el país ha cometido errores en el pasado, el amplio abuso a los derechos humanos en la última década ha sido un cambio dramático con respecto al pasado. Bajo el liderazgo de los Estados Unidos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos fue adoptada en 1948 como "la base de la libertad, la justicia y la paz en el mundo". Este fue un compromiso audaz y claro en cuanto a que el poder ya no serviría como cubierta para oprimir o herir a las personas, y que establecería derechos iguales para todas las personas a la vida, la seguridad, igual protección de la ley y libertad de tortura, detención arbitraria o exilio forzado.
Esta declaración ha sido invocada por activistas de derechos humanos y la comunidad internacional para remplazar a la mayoría de las dictaduras en el mundo con democracias y promover la ley de derecho en asuntos domésticos y globales. Es perturbador que, en lugar de fortalecer estos principios, las políticas antiterroristas de nuestro gobierno ahora claramente están violando por lo menos diez de los 30 artículos de la declaración, incluyendo la prohibición del "trato o castigo cruel, inhumano o degradante".
Actos legislativos recientes han legalizado el derecho que tiene el presidente para detener a una persona indefinidamente bajo sospecha de afiliación con organizaciones terroristas o "fuerzas asociadas", un poder amplio e impreciso que puede ser abusado sin mayor descuido por parte de las cortes o el Congreso. Esta ley viola el derecho a la libertad de expresión y el hecho de ser presumido inocente hasta que se demuestre lo contrario, dos derechos incluidos dentro de la declaración.
Además de ciudadanos estadounidenses que se han convertido en el blanco de asesinatos o detención indefinida, leyes recientes han cancelado las restricciones contempladas en el Acta de Vigilancia de Inteligencia Extranjera de 1978 que permiten violaciones sin precedentes a nuestro derecho a la privacidad por medio de descontroladas interceptaciones y la explotación gubernamental de nuestras comunicaciones electrónicas. Leyes estatales populares permiten la detención de individuos por su apariencia, donde practican su religión o con quienes se asocian. A pesar de una ley arbitraria que dice que cualquier hombre asesinado por drones es declarado enemigo terrorista, la muerte de mujeres y niños inocentes se acepta como algo inevitable.
Después de más de 30 ataques aéreos contra hogares civiles este año en Afganistán, el presidente Hamid Karzai ha exigido que cesen estos ataques, pero la práctica continúa en áreas de Pakistán, Somalia y Yemen que no están en ninguna zona de guerra. No sabemos cuántos cientos de civiles inocentes han sido asesinados en estos ataques, cada uno aprobado por las más altas autoridades de Washington.
Estas políticas claramente afectan la política extranjera de Estados Unidos. Altos oficiales militares y de inteligencia, así como defensores de derechos humanos en áreas afectadas, confirman que el aumento de ataques de drones han llevado a las familias afectadas a recurrir a las organizaciones terroristas, levantado a la población civil en contra nuestra y permitido que gobiernos represivos citen dichas acciones para justificar su propio comportamiento déspota.
En un momento en el cual las revoluciones populares se han extendido por el globo, los Estados Unidos deberían estar fortaleciendo, no debilitando, las leyes de derecho básicas y los principios de la justicia enumerados dentro de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero en lugar de hacer al mundo más seguro, la violación americana de los derechos humanos ampara a nuestros enemigos y aliena a nuestros amigos.
Como ciudadanos consternados, tenemos que persuadir a Washington para que dé un paso atrás y recupere el liderazgo moral de acuerdo con las normas internacionales de derechos humanos que habíamos adoptado oficialmente como propias y valorado a través de los años.
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