Frente a la marcha lenta del operativo, se esgrimen varias razones por parte de las autoridades reunidas en la zona en torno al rescate: los equipos trasladados al área para evacuar el agua resultaron insuficientes y sufrieron recalentamientos; el líquido total es de 32 mil metros cúbicos y buena parte está de 500 a 800 metros de profundidad (requiere mucha presión) y las motobombas de refuerzo, que llegaron este lunes, eran muy pesadas. Instalarlas exigió ensamblajes y redes eléctricas.
Son razones comprensibles estas de los equipos de socorro, pero también las de los familiares de las víctimas que cuestionan la capacidad tan limitada de las herramientas trasladadas para responder a la emergencia. Es obvio que aunque las posibilidades de sobrevivencia de los mineros están prácticamente descartadas, sus parientes, por elemental apego humano, guardan esperanzas y, en el peor escenario, el de la muerte de los obreros, desean asumir su duelo definitivo y darles sepultura cuanto antes.
Ha habido también sustancial ausencia de información sobre los detalles del trazado de la mina: de la composición de sus túneles y de las minucias técnicas y locativas que podrían aportar datos que faciliten el diseño y la eficacia del rescate. Ello dice mucho de las condiciones tan laxas, si se quiere informales, en las que se desarrollan los entables y las explotaciones de carbón del Sinifaná.
El otro asunto es que observamos la importancia de que haya agilidad en los operativos, e información permanente y oportuna a la comunidad, para que, equivocadamente, no se transmita a los familiares y paisanos de los mineros alguna sensación de lentitud, indolencia e incluso omisión en el cumplimiento de los deberes de los organismos oficiales de rescate.
Y lo decimos porque desde la noche y la mañana siguientes a la inundación de la mina se hicieron presentes allí el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, y los funcionarios de su gabinete relacionados con este tipo de emergencias. Desde el viernes en la mañana ya se advertía la casi nula posibilidad de que hubiere sobrevivientes, aunque desde el corazón todos aguardemos un milagro, un golpe de suerte.
Es importante cerrar, cuanto más pronto sea posible, este nuevo capítulo de luto y dolor en la vida minera de Amagá, para que también empiecen a aplicarse con rapidez los correctivos que impidan que sea tan cotidiana, repetida y frecuente la muerte de mineros en los socavones del carbón.
La prensa ha registrado con suficiencia la espera larga y paciente de los familiares de las 12 víctimas. Cada día agolpados en los alrededores de La Cancha, a la espera de la evacuación definitiva de los suyos, mordidos por la angustia, por la tristeza y por la incertidumbre. Cubiertos por una nube oscura de silencio.
Ojalá, con la llegada de refuerzos técnicos, las tareas de rescate se agilicen y se cierre el capítulo de una tragedia que amplía en Amagá la mancha de fallas e incumplimientos en las normas de seguridad que debe respetar una actividad tan compleja, riesgosa y exigente como la minería.
EL COMPROMISO ES TOTAL, PERO HAY QUE TENER CUIDADO POR EL RIESGO EXTREMO
Por gloria catalina gheorghe
Gerente de Seguridad y Salvamento Minero del Minminas (Amagá-Antioquia)
Siempre trabajamos con espíritu positivo, aunque haya pocas probabilidades de vida. Soy optimista en que faltan días y no semanas. La labor en Amagá es compleja: a una profundidad de 800 metros y a través de un túnel inclinado, de 70 cm de altura máxima.
El rescate se cumple en una mina completamente artesanal. Cualquier manguera, cable o electrobomba se debe instalar con sumo cuidado y toma tiempo. Cuando llegamos, tomó día y medio adecuar la ventilación, readecuar la red eléctrica y crear un sistema de comunicación.
Había concentraciones de gas metano y oxígeno muy peligrosas para la vida. La electricidad era limitada para impulsar el sistema de bombeo del agua de la inundación. Hay seis electrobombas pequeñas y dos medianas. Hoy, antes del mediodía, debe activarse una de 100 caballos de fuerza que agilizará la evacuación. Con apoyo de EPM, desde ayer opera un transformador de 440 kva para que no se caiga el voltaje y el fluido sea constante.
Y buena parte del agua la vamos a extraer mediante una labor (mina) contigua que está inutilizada y reduce el recorrido del agua (menos desgaste).
El otro asunto es que estamos protegiendo a los grupos de rescate para no tener un incidente. Aquí hay compromiso total de los involucrados.