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Un solo canto para mi Castilla del alma

AUNQUE A VECES una bala retumbe en la ciudad más que las miles de canciones que se cantan en sus calles cada día, esta zona de la ciudad, al noroccidente, demuestra que es todo un hervidero cultural, puro arte y vida.

24 de septiembre de 2011
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Armado de su garganta y una guitarra, Anderson confiesa que está en una guerra, "porque hay guerra, no se puede negar", pero le pone broche a su opinión diciendo que "lo que pasa es que los artistas combatimos de otras formas" y en vez de asesinar la vida "elucubramos sueños".

Lo dice en una calle de Castilla, la Castilla de sus sueños y los míos, esa donde yo nací y crecí, como él, y le di vida a mi estirpe.

Entonces une su voz y su guitarra a las maracas de su parcero Pácora, como se le conoce en su rol de artista, y tejen una bella canción para su barrio del alma, para el barrio de mi corazón:

"Somos de Castilla y vamos a empezar, entregando arte pa'que puedan mirar, las cosas tan bonitas que pueden estar acaaaaaaa...".

No hay duda de la sinceridad que encierra la canción de estos dos muchachos, pelados que, junto a miles más, inundan con sus tonadas cada día las esquinas y calles de esta comuna de Medellín.

Uno los ve pasar con sus guitarras al hombro. Yo los veo subir y bajar por la 68 (léase seis ocho y no 68, porque los de Castilla le decimos así a este bulevar) vestidos con chaquetas negras y botas rockeras, cuando son rockeros, o con sus pantalones anchos y camisetas anchas más abajo de la mitad del muslo, cuando son del hip hop.

Llevan sueños, sin duda, y uno que otro miedo. Miedos que otros líderes vencen con propuestas de vida.

-Para contrarrestar esos temores creamos Toque de Salida, un colectivo cultural que aglomera a los artistas de la zona, de todas las manifestaciones artísticas, una apuesta desde la cultura que busca puntos de encuentro y demostrar que Castilla es un territorio de vida, que la vida está presente-, comenta Luis Fernando Orozco, gestor cultural y líder de este colectivo.

Toque de Salida nació como contrapunto al llamado toque de queda que alguna vez impuso la Policía para que los adolescentes se encerraran antes de las 11:00 de la noche, cuando se recrudeció el conflicto de combos, y que también han impuesto, de forma ilegal, las bandas para poder darse bala entre sí, sin afectar a tantos inocentes.

Bajo el lema "no seas más un payaso de esta guerra", a partir de Toque de Salida se han realizado marchas y festivales por la vida que han logrado, desde al arte, hacer visible esa Castilla soñadora y fuerte, cual mujer, que en la adversidad saca lo mejor de sí para alejar los estigmas.

-Con Toque de Salida reivindicamos el espacio público, vamos de casa en casa repartiendo flores, declamando un poema o pintando murales, les mostramos a los jóvenes que hay otros espacios y que la peor opción es irse a la guerra-, advierte Carlos Alberto David, un punkero que lleva 24 años tocando la batería en el grupo Desadaptados, que le canta al barrio, a sus crisis y desdichas, a muchos de los que han caído en un conflicto que, sin duda, es ajeno a él, a sus amigos. Y a los míos.

Cita en Ciudad Frecuencia
"Yo soy un pelao sano del barrioooo, yo sólo quiero tocar mi guitarra, trabajar con mis manos, que verdaderamente quieren hacer cositas buenaaaaaaaassss...", dice otra estrofa de la canción de Anderson y Pácora.

Y me erizan la piel porque amo a este barrio como a mi hijo, que engendré tras los muros de una de sus calles.

-Estos chicos son sólo una muestra de lo que hay en Castilla. Acá tenemos más de 400 grupos musicales con manifestaciones como rock, hip hop, salsa, punk, y aparte hay poetas, pintores, cineastas, de todo-, cuenta Felipe Laverde, un violonchelista de la Universidad de Antioquia que decidió abrir un espacio y un colectivo para apoyar a los artistas del sector.

Se llama Ciudad Frecuencia y aglutina al Festival Rock Comuna 6, al Castilla Festival Rock y al Festival Hip Hop comunas 5 y 6, en los que por varios días esta zona se convierte en un hervidero juvenil donde la vida y los sueños se muestran por las calles a toda plenitud.

No es fácil ser un artista en un barrio donde las balas cruzan por la esquina de repente, como rayos. Lo confiesan los muchachos, pero tampoco se amilanan.

-Nuestras fronteras no son invisibles, son reales, por eso le cantamos a la vida para romperlas-, apunta Luis Fernando Orozco.

-Pero a los artistas nos respetan, solo queremos cantar-, añade Anderson. Todos admiten que nunca ha habido persecución por su arte.

-Yo me la gozo, mis compañeros se la gozan, la música también es una forma de recocha sin ninguna pretensión-, confiesa Richar Luna, baterista de Gua-Ska, grupo que mezcla varios ritmos, muy reconocido en el sector.

Me emociona ver estas calles donde me enamoré mil veces, donde jugué fútbol diez mil veces más y donde camino a mis anchas cada día, inundadas de vida, de cantos, de muchachos que armados de guitarra o violín, sueñan, le cantan a la vida, le dicen a Castilla, como Pácora y Anderson, que "acá todos somos hermanos... todos somos hermanooooooossss".

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