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UN SUPERHÉROE CONVERTIDO EN TÍTERE

  • DAVID E. SANTOS GÓMEZ | DAVID E. SANTOS GÓMEZ
    DAVID E. SANTOS GÓMEZ | DAVID E. SANTOS GÓMEZ
20 de agosto de 2012
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Si Julian Assange hubiera nacido en América Latina probablemente estaría preso o muerto. De ser colombiano su cabeza tendría un precio elevado y si fuera cubano sería uno más de la centena de opositores que pasan sus días en una mazmorra por el único delito de incomodar al régimen. Como venezolano sus revelaciones contra el gobierno le valdrían, como mínimo, los insultos amenazantes de Hugo Chávez; y de ecuatoriano, Rafael Correa lo amordazaría con demandas multimillonarias.

Pero no. Julian Assange nació en Australia y las vueltas de la vida y sus propias investigaciones periodísticas lo tienen alabando hoy a gobiernos a los que, de otra forma, combatiría. Encerrado en la embajada de Ecuador en Londres, con un asilo de difícil aplicación, dice que admira “el valor de las naciones latinoamericanas”, en una referencia a los países que le han plantado cara a Estados Unidos y a Gran Bretaña.

El creador de Wikileaks se equivoca de cabo a rabo. Que los socialistas latinoamericanos despotriquen de los imperios y, entre insultos y pataletas, se muestren como independientes, no borra los incontables abusos que cometen contra las libertades de sus ciudadanos.

El “valiente” antiimperialismo latinoamericano al que se refiere lleva la bandera del maltrato a la prensa. Son ellos los que aparecen con sus nombres en rojo en informes independientes nacionales y extranjeros por sus ataques a todos aquellos que opinan diferente.

Assange logró un admirable trabajo al revelar cientos de miles de documentos que ponen al descubierto los desmanes de decenas de gobiernos, principalmente el de Washington. Sin embargo, en esta ocasión, su desespero por una detención por abuso sexual que podría desencadenar en una extradición hacia Estados Unidos le nubló la cabeza. Pasó de ser un superhéroe que lucha por la libertad de expresión a un títere que aplaude a aquellos que la limitan.

El llamado hacker más famoso del mundo actúa más por conveniencia que por ignorancia. Es imposible que desconozca los ataques de Rafael Correa contra la prensa, pero en este momento su única boleta hacia la libertad es aplaudir al ecuatoriano. A ambos los une su desprecio por Estados Unidos y se perdonan los pecados.

Correa dice que le concede el asilo a Assange para garantizarle sus libertades y al escucharlo uno debe soltar una carcajada por tamaña hipocresía. La realidad es que el ecuatoriano utiliza el caso como un bálsamo para borrar su imagen de autoritario en el exterior y, además, le da un respiro y un par de puntos para cuadrar su candidatura reeleccionista de febrero de 2013.

Ahora, con el manido grito latinoamericano, Unasur también aplaude el asilo. Como nos gustaría que hicieran lo mismo cada vez que un periodista en Latinoamérica, y no en Europa, es silenciado con la mordaza de las balas o el autoritarismo del socialismo trasnochado.

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