La muerte de Viviana Cristina Arenas Higuita, ocurrida en Envigado el pasado jueves por una intoxicación con licor adulterado, es una seña más del grave peligro en el que se encuentra nuestra sociedad cuando en la calle se venden grandes cantidades de botellas con líquido falso, de procedencia artesanal.
La lucha de Viviana por vivir, durante cuatro días en cuidados intensivos, no fue suficiente para ganarle a la muerte. El metanol (alcohol industrial) que contenía el licor que consumió produjo daños irreparables en su cuerpo. Hasta ahí llegaron los sueños de la joven alegre, llena de ideales y objetivos por cumplir.
El licor adulterado nos puede sorprender en cualquier lugar. En un establecimiento público, en la calle o, incluso, tomándose unos tragos en la casa, como infortunadamente le sucedió a Viviana.
Por eso el llamado, reiterativo, a tomar todas las medidas necesarias para que estos dolorosos sucesos no se repitan. Los consumidores de licor deben estar atentos a indagar de dónde sale lo que se van a tomar y, si tienen dudas, deben ser responsables y tener la valentía no sólo de rechazar ese trago, sino de denunciar el hecho. Por su parte, las autoridades deben seguir buscando con energía a todos los integrantes de las cadenas que se lucran con el licor adulterado: quienes lo producen, lo distribuyen y lo venden. Todos son delincuentes peligrosos que se deben neutralizar.
La prematura partida de Viviana y el inmenso vacío que dejó en su familia, deben ser el punto de quiebre para iniciar una gran cruzada contra el licor adulterado. Para eso se necesita una rumba responsable, estar muy atentos y colaborar con las autoridades.
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