El calor, la humedad y las tormentas eléctricas son sinónimos del verano en muchas regiones de Norteamérica y, dentro de unas semanas, también podrían amenazar el Mundial de fútbol.
La edición de este año del torneo se disputará desde el 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México, incluidas ciudades acostumbradas a temperaturas veraniegas altísimas, agravadas por una humedad asfixiante.
Los frecuentes incendios forestales en Canadá y California suponen riesgos para la calidad del aire. Luego están los truenos y los relámpagos: en Estados Unidos, las tormentas estivales suelen implicar interrupciones de los eventos deportivos al aire libre.
Por lo general, se aplica una pausa obligatoria de 30 minutos cuando cae un rayo en un radio aproximado de 13 a 16 kilómetros. Cada nuevo relámpago provoca otra interrupción de media hora.
El Mundial de Clubes de 2025, ensayo general para el certamen de este año, tuvo retrasos significativos en seis partidos por el mal tiempo, algo que los científicos prevén que podría volverse cada vez más habitual a medida que los gases de efecto invernadero sigan calentando el planeta. Las repetidas demoras en los partidos del torneo de clubes llevaron a algunos críticos y entrenadores a preguntarse si Estados Unidos debería ser sede.
Busca techo cuando truene
Los rayos conllevan riesgos graves. Las muertes por impactos directos son poco frecuentes, pero ocurren: hubo 444 entre 2006 y 2021, la mayoría durante actividades recreativas al aire libre, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.
Los científicos expresan su preocupación de que el cambio climático pueda introducir incertidumbres en los patrones de tormentas y quizá crear condiciones que hagan que los rayos sean aún más frecuentes.
La experta en el clima Kelsey Malloy, de la Universidad de Delaware, señaló que “aún” no se han “detectado tendencias fuertes”, pero en general “se espera que los rayos aumenten” en algunas partes de Estados Unidos, sede principal del Mundial.
Un clima más cálido “se ha vinculado con tasas de lluvia más intensas, así como con corrientes ascendentes de aire más fuertes”, lo que “equivale a una mayor electrificación de las nubes y, por lo tanto, a tasas más altas de descargas eléctricas”, apuntó.
Malloy exhortó a los aficionados a prestar atención a las advertencias de riesgo y a los protocolos. Expertos aseguran que los estadios suelen estar bien protegidos con medidas como pararrayos.
“Mucha gente quizá se imagina que, si no puede ver la tormenta, no ve los rayos y aún no ha oído los truenos, entonces no está bajo una amenaza real”, dijo a la AFP. “Pero los rayos pueden caer a kilómetros de distancia del lugar real de la tormenta”.
La FIFA utilizará algunos estadios con techos, aire acondicionado o ambos —en Atlanta, Dallas, Houston, Los Ángeles y Vancouver— para reducir la preocupación por retrasos debidos a tormentas o calor extremo. Pero muchos son a cielo abierto. Esto podría provocar suspensiones por tormentas y exponer a jugadores y aficionados a temperaturas debilitantes.
Peligro por calor
Durante el Mundial de Clubes, muchos partidos se disputaron con temperaturas superiores a 32 grados, con una humedad que hacía que se sintiera aún más calor.
Un equipo de científicos del clima publicó recientemente un informe en el que señalaba que el “calor extenuante” podría afectar a una cuarta parte de los encuentros, incluida la final en el MetLife Stadium de East Rutherfod, Nueva Jersey, el 19 de julio.
La FIFA ha ordenado pausas de hidratación en cada tiempo de los juegos. El doctor Chris Mullington, del Imperial College de Londres, dijo que es posible que algunos futbolistas “simplemente no puedan jugar a la intensidad a la que están acostumbrados”.
Los aficionados —muchos de los cuales consumirán alcohol bajo el sol directo y soportando humedad— pueden enfrentarse a mayores riesgos para su salud.
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En general, esas personas “no serán atletas de élite y pueden presentar muchas comorbilidades que podrían verse agravadas por el calor”, afirmó Mullington. Un grupo de futbolistas profesionales en activo y retirados, encabezado por el noruego Morten Thorsby, entregó recientemente una petición a la FIFA en la que describía los efectos del calor.
“Puede hacer que te sientas aturdido, mareado, que experimentes fatiga, calambres musculares y algo peor”, señalaron. Instaron al organismo a actualizar su marco sobre estrés térmico para el Mundial 2026, una medida que insistieron en que debía ir acompañada de “una acción climática coherente”.
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