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La casa de Juan está en la copa de un árbol en Medellín

  • Algo sorprendente es el ingenio que utilizó Juan Carlos para construir las escalas con las que sube a su vivienda, las cuales incrustó entre los troncos con mucha firmeza. FOTOS: JULIO CÉSAR HERRERA
    Algo sorprendente es el ingenio que utilizó Juan Carlos para construir las escalas con las que sube a su vivienda, las cuales incrustó entre los troncos con mucha firmeza. FOTOS: JULIO CÉSAR HERRERA
  • Juan Carlos demuestra que no se necesita de muchas riquezas materiales para hallar la paz, pues aunque tiene carencias, en su nido siempre hay espacio para la sonrisa.
    Juan Carlos demuestra que no se necesita de muchas riquezas materiales para hallar la paz, pues aunque tiene carencias, en su nido siempre hay espacio para la sonrisa.
Publicado el 23 de octubre de 2021

Su casa no es común, levantada en tierra y con vecinos, se trata de un nido construido en la copa de un árbol, donde habita y sueña que el mundo mejore para así, algún día, bajar y volver a vivir con su familia, que incluye a un hijo adolescente.

Hace más de un año Juan Carlos Quintero, un habitante de Medellín de 38 años, decidió instalar su “apartamento” sostenido por las ramas de un árbol a un costado de la Autopista Sur, es una “vivienda” de no más tres metros en la que tiene cama, baño, cocina y los elementos necesarios para vivir sin sufrir de frío, calor o chuparse aguaceros.

Antes cuidaba carros, confesó, pero la pandemia acabó con su labor y por ello decidió refugiarse en su nido, al que sube por unas escalas que él mismo instaló.

Desde allí divisa la ciudad, el río, los carros que pasan y escucha el canto de las aves que llegan. Es feliz, al fin de cuentas, y dice que no le hace mal a nadie. Sin tener mucho, a lo mejor lo tiene todo, porque cada hombre es una historia, y la suya es bien singular.

Juan Carlos demuestra que no se necesita de muchas riquezas materiales para hallar la paz, pues aunque tiene carencias, en su nido siempre hay espacio para la sonrisa.
Juan Carlos demuestra que no se necesita de muchas riquezas materiales para hallar la paz, pues aunque tiene carencias, en su nido siempre hay espacio para la sonrisa.

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