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Tragedia en Venezuela desnuda al régimen y hunde la apuesta económica de Delcy Rodríguez

El miércoles pasado dos terremotos de 7,2 y 7,5 de magnitud en la escala de Richter dejaron casi mil muertos, más de 50.000 desaparecidos y a 6,8 millones de venezolanos en riesgo. Las cifras subirán.

  • Personas y rescatistas trabajan entre los escombros del edificio Moisés en la Avenida Anauco, en Caracas. La corrupción en el país habría influido en la falta de mantenimiento y en el incumplimiento de las normas de construcción de muchos edificios. FOTO Getty
    Personas y rescatistas trabajan entre los escombros del edificio Moisés en la Avenida Anauco, en Caracas. La corrupción en el país habría influido en la falta de mantenimiento y en el incumplimiento de las normas de construcción de muchos edificios. FOTO Getty
  • Miembros del equipo USAR COL-1 cargan un camión con equipos de rescate, desde el Centro Nacional Logístico de la UNGRD. FOTO Getty
    Miembros del equipo USAR COL-1 cargan un camión con equipos de rescate, desde el Centro Nacional Logístico de la UNGRD. FOTO Getty
  • Un socorrista se ve abatido durante las labores de rescate, en las que Venezuela ha recibido apoyo internacional. FOTO Getty
    Un socorrista se ve abatido durante las labores de rescate, en las que Venezuela ha recibido apoyo internacional. FOTO Getty
Daniel Rivera Marín

Editor General

27 de junio de 2026
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En la grama del polideportivo José María Vargas, en La Guaira, decenas de personas revisan montículos de ropa buscando algo que ponerse. El estadio, convertido en refugio improvisado, alberga a cientos tras los terremotos del miércoles 24 de junio.

“Es como que Dios te da la oportunidad de tener una vida más”, dijo Yosey Escalona, uno de los damnificados, a la AFP, mientras coordina a las 46 personas que conviven bajo una de las carpas de lona.

Los dos terremotos que sacudieron a Venezuela esa tarde —de magnitud 7,2 y 7,5, ocurridos en menos de un minuto— mataron —hasta el cierre de este texto— a mil personas y dejaron hasta el momento más de 50.000 desaparecidos.

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El estado costero de La Guaira, vecino de Caracas y con una población superior a los 400.000 habitantes, concentró la mayor parte de las pérdidas. Allí, desde el primer temblor, se han registrado más de 300 réplicas.

Edificios reducidos a escombros, ambulancias que no paran de ir y venir, motocicletas cargadas de insumos y la búsqueda desesperada de personas y cuerpos atrapados bajo el concreto son las imágenes diarias.

Cientos de damnificados encontraron en el polideportivo un espacio abierto y de estructuras firmes donde resguardarse. Dentro de cada carpa conviven grupos de hasta 50 personas que guardan productos de higiene, agua en envases plásticos y alimentos no perecederos. Escalona tuvo que dejar su casa porque, según contó, “la estructura está toda fracturada, está inhabitable. Las paredes se desprendieron de las columnas”.

Entre los vecinos se organizaron encargados de distribuir los insumos y mantener el orden. El refugio funciona, además, como centro de acopio: a la entrada se acumulan motos estacionadas y un flujo constante de gente que entra y sale con bolsos, maletas y colchones.

“Aquí hay espacio y todo el mundo los recibe. Estamos cien por ciento dispuestos a ayudarnos los unos a los otros porque es un momento muy difícil”, dijo Escalona. La misma idea repitió Carlos Marcano, un trabajador portuario que también perdió su vivienda cerca de la costa: “la solidaridad que hay ahorita es impresionante”.

Pedro Colmenares llegó con sus compañeros de trabajo con 500 panes y bebidas para repartir, y frente a él se formaron largas filas. “Todo el pueblo está unido (...) para que el mundo vea que el venezolano es una persona que se quiere, que se apoya en los momentos más difíciles”, exclamó.

En las carpas también se resguardan heridos y pacientes psiquiátricos. El Hospital Periférico de Pariata recibió a la mayoría de los afectados; un enfermero le dijo a la agencia AFP que solo en las primeras 48 horas se atendieron más de 400 heridos.

El problema empieza cuando los dan de alta. “No tienen para dónde ir, porque perdieron las casas, perdieron todo”, explicó la cirujana Geralldyne Franco. Por eso el propio hospital los remite al refugio.

Lo que ocurre en los refugios es apenas el reverso de lo que dejaron las calles. El alcalde de Chacao, Gustavo Duque, confirmó el desplome de edificaciones emblemáticas como el Petunia, el Don Pepe, el Altamira Village Hotel & Suite y un bloque residencial en Bello Campo.

El aeropuerto internacional de Maiquetía permanece cerrado, con desprendimientos de concreto, techos rotos y columnas de humo que circularon en redes sociales. Los registros visuales de La Guaira y Altamira terminaron de dibujar el tamaño del golpe.

La fractura del aparato estatal

Bajo esos escombros quedó expuesta otra fractura, la del aparato estatal. El auxilio oficial no llegó a distancias de apenas seis kilómetros, mientras los propios ciudadanos removían escombros con las manos para rescatar a niños y bebés.

Las carreteras colapsadas y la falta de recursos en los cuerpos de bomberos y en Protección Civil dejaron a la vista el saldo de 27 años de gestión gubernamental y los rasgos de un Estado incapaz de responder.

El doble sismo también quebró el relato de un nuevo amanecer para Venezuela después de la intervención de Estados Unidos. La presidenta encargada y antes vicepresidenta, Delcy Rodríguez, venía proyectando hacia el exterior una imagen de “normalidad y seguridad” que la emergencia desmintió en cuestión de horas.

Miembros del equipo USAR COL-1 cargan un camión con equipos de rescate, desde el Centro Nacional Logístico de la UNGRD. FOTO Getty
Miembros del equipo USAR COL-1 cargan un camión con equipos de rescate, desde el Centro Nacional Logístico de la UNGRD. FOTO Getty

Rodríguez declaró a La Guaira zona de desastre y, en una alocución de la madrugada del sábado, aseguró que el Estado está militarizado para garantizar la seguridad.

Desde la oposición, Edmundo González-Urrutia —a quien muchos reconocen como el legítimo presidente tras la disputada victoria de Nicolás Maduro— vinculó la magnitud del desastre con el deterioro institucional.

“Llegamos a esta catástrofe después de décadas de destrucción institucional. Los equipos de rescate, el sistema de salud, la infraestructura de comunicaciones llega a esta emergencia destruidos. Lo que debió ser una inversión en proteger vidas, no lo fue”, expresó.

La tragedia sepultó operación con empresarios

La tragedia sepultó, de paso, una operación política y comercial que el régimen chavista tenía cuidadosamente calculada. Para el próximo martes 30 de junio estaba prevista en el Palacio de Miraflores una reunión con 62 consejeros delegados de grandes empresas de España y Portugal.

El objetivo era convencerlos de que, bajo el mando de Rodríguez y no de Maduro, Venezuela es un país previsible, confiable y con seguridad jurídica. La Embajada de España había preparado una recepción oficial y la entidad Banesco —Abanca en España— financiaba pasajes y hospedajes de los ejecutivos, según medios locales.

Varias multinacionales, ya escépticas frente al panorama regional, habían decidido enviar únicamente a delegados de otros países. “El potencial de Venezuela es formidable si se hacen las cosas bien, pero...”, señaló uno de los empresarios convocados, y dejó la frase a medias.

La viabilidad de ese escenario quedó ahora atada a una promesa: la convocatoria de elecciones presidenciales, a más tardar en enero, un proceso al que la líder opositora María Corina Machado —hoy retenida en Estados Unidos— aspira a presentarse de regreso al país.

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El frente económico tampoco daba tregua antes del primer temblor. Horas antes de los sismos, el Financial Times reveló que la deuda externa venezolana habría alcanzado los 240.000 millones de dólares, una cifra que duplica las propias estimaciones del país.

Citando fuentes extraoficiales, el diario británico explicó que Caracas se preparaba para anunciar ese monto —muy por encima de los 150.000 a 200.000 millones que calculaba el mercado local— cuando presentara a sus acreedores la situación real de sus finanzas, en lo que se perfila como la mayor reestructuración de deuda soberana del mundo.

El detalle que más llamó la atención del FT es que el análisis de sostenibilidad de esa deuda no habría sido elaborado por el Fondo Monetario Internacional. Para varios sectores de la oposición, esa ausencia genera “preocupación”: temen que el país avance sin el respaldo del FMI y que ello debilite su posición negociadora.

Un socorrista se ve abatido durante las labores de rescate, en las que Venezuela ha recibido apoyo internacional. FOTO Getty
Un socorrista se ve abatido durante las labores de rescate, en las que Venezuela ha recibido apoyo internacional. FOTO Getty

Cifras y consecuencias de la tragedia

Las cifras de víctimas, mientras tanto, se mueven en un terreno de incertidumbre. El Gobierno confirmó cerca de 1.000 fallecidos —la cuenta nacional se situaba en 920, con personas aún atrapadas bajo los escombros—, pero las proyecciones apuntan mucho más alto. La ONU manejó una base inicial de 10.000 muertos, asumiendo que la cifra final se quedaría corta, y estimaciones de corporaciones multinacionales proyectan que el balance podría llegar a las 100.000 personas. La falta de información oficial certera, en un territorio en buena parte incomunicado, alimenta esa horquilla.

La dimensión humanitaria, en todo caso, desborda el conteo de muertos. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de la ONU estimó este sábado que hasta 6,76 millones de personas podrían verse afectadas por los terremotos, incluidos hasta dos millones en Caracas.

La proyección, basada en el análisis de población y daños disponibles, “pone de relieve el potencial impacto humanitario masivo del desastre”, advirtió el organismo.

En su trabajo de mapeo, la OIM se apoyó en el laboratorio de inteligencia artificial de Microsoft para un primer análisis satelital que mostró que el 31,5 % de los edificios de la localidad de Catia La Mar había sufrido daños, un dato que ayuda a priorizar dónde entregar la ayuda mientras avanzan las evaluaciones sobre el terreno.

“Las primeras horas y días después de un desastre son decisivos. Determinan todo lo que viene después”, señaló la directora de la OIM, Amy Pope, quien insistió en que “una respuesta rápida es esencial” y adelantó que los artículos de socorro ya preparados en Caracas se están alistando para desplegarse hacia las comunidades con mayores necesidades.

El jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, había cifrado el viernes en más de 50.000 los desaparecidos. La OIM recordó que Venezuela ya afrontaba una crisis humanitaria antes de los sismos, que el desplazamiento de personas seguramente aumentará y que las necesidades —desde alojamiento de emergencia, agua y saneamiento hasta atención médica y apoyo en protección— son “inmediatas y significativas”.

Entre los escombros quedó al descubierto, también, la situación de los disidentes al régimen. La activista Tamara Sujú reportó el derrumbe de una estructura en Maracay donde murieron Yexika Gimon de De Gouveia, María del Rosario Pérez y María José Salas Prato —esposa, suegra y sobrina del preso político Adrián de Gouveia de Sousa, encarcelado de nuevo tras haber cumplido su condena original—.

A la incertidumbre se suman los centenares de prisioneros políticos en arresto domiciliario, de cuyas viviendas afectadas apenas hay reportes. Desde el exilio en Madrid, ciudadanos como Justi reciben confirmaciones de la desaparición y muerte de familiares en La Guaira.

En un país golpeado y en buena parte incomunicado, la desconfianza hacia los datos oficiales persiste, según medios locales, mientras la comunidad internacional moviliza su ayuda pese al rechazo histórico que el oficialismo ha opuesto, por motivos ideológicos, a la asistencia humanitaria. En los refugios, esa discusión queda lejos. Allí, gente como Yosey Escalona empieza, con lo puesto, lo que él mismo llama “una vida más”.

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