Las desafortunadas palabras del magnate y ahora precandidato republicano Donald Trump no deben ser interpretadas solo como errores, sino que su campaña parece ir directamente en la vía que estas indican, y se hace evidente que buscaba centrar la atención mediática en su polémica imágen.
Ayer jueves se dirigió a la frontera con México, como para seguir escarbando en esa herida que tanto dio de qué hablar en semanas pasadas. Es el más reciente hecho en una campaña presidencial que ya no solo demócratas, sino hasta sus rivales republicanos definen como un espectáculo. ”Un acto carnavalesco”, tal como dijo el exgobernador de Texas, Rick Perry.
Pero tal como coinciden expertos consultados por EL COLOMBIANO, esa era desde un principio la idea del magnate: robarse las cámaras y hacer que la campaña, por lo menos a las primarias republicanas, gire en torno a sí mismo.
“Por ser celebridad, Trump es más conocido para el estadounidense promedio que otros candidatos. Haciendo más ruido, aparece en los primeros lugares. Pero esto no significa que gane la nominación republicana. Todavía es muy temprano para afirmar esto y las bases de apoyo de la bancada aún no están pensando con seriedad. La votación de las primarias inicia en enero y no termina sino hasta marzo. Queda mucho”, explicó Patricio Navia, politólogo y docente de la Universidad de Nueva York (NYU).
Desde Washington, Mark Weisbrot, codirector del Centro para la Investigación Económica y Política (Cepr, por su sigla en inglés), coincidió:
“Trump tiene éxito al llegarle a los peores votantes de la derecha, los que promueven ideas radicales, retrógradas e incluso xenófobas. Se ha adaptado muy rapidamente a ese entorno circense y logró su apoyo. En todo caso, aunque creo que será una fuerza significativa en las primarias, no le alcanzará para más”.
Le sirva o no esta estrategia, el polémico Trump tiene las cámaras registrando por ahora todo lo que dic.e