17 de diciembre. De tanto escuchar historias del control y presión social que padecen los cubanos, siento tedio. Melancolía porque aquello que un día me contaron mis padres —los logros de la Revolución Cubana, su lucha contra el neoliberalismo y el reconocido valor de los isleños— se contradice con el hartazgo de la gente por tanto padecer y ver que las cosas no cambiaban.
Son las 10 de la mañana y en el Palacio de las Convenciones, en La Habana, cinco periodistas de Colombia, más un puñado de corresponsales extranjeros, estamos a la espera de un anuncio de tregua de la guerrilla de las Farc.
Como cualquier otro día, los miles y miles de cubanos ya están inmersos en la rutina del único país socialista de América: Ser pionerito (en Cuba así nombran...