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322 muertos y 3.000 detenidos son parte del saldo de las manifestaciones contra el gobierno.
Valeska Valle dijo que iba a comprar una gaseosa y escapó de su casa en Managua para unirse a las protestas contra el presidente Daniel Ortega. Hoy, seis meses después, sigue sin volver: permanece en la clandestinidad, sus hermanos están fuera del país y su madre recibe casi a diario visitas de la Policía que intentan localizarla.
Tiene 22 años y era estudiante de la Universidad Centroamericana (UCA). Su vida y la de muchos de su generación, ha cambiado en pocos meses por la crisis política en Nicaragua que inició el 18 de abril. Lo que empezó como un movimiento de rechazo a una reforma pensional, ha escalado al punto de que los gremios, los partidos políticos y hasta los antiguos aliados de Daniel Ortega se han unido para pedir elecciones anticipadas y rechazar la represión estatal, que ha dejado al menos 322 muertos, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Cidh).
El 19 de abril, indignada por las imágenes de los ancianos golpeados frente al Instituto Nicaragüense de Seguridad...