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La mandataria afirmó que no renunciará al cargo sin que por ley tenga que hacerlo o esté justificada su salida. El domingo hay marchas.
La situación política de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, es tal vez la peor en cinco años que lleva en el poder. Con la economía en precario estado, los casos de corrupción salpicando a su mecenas, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, y un creciente descontento contra la gestión del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), la mandataria tuvo que salir ayer a decir que no renunciará al máximo cargo.
“Creo que solicitar mi renuncia es reconocer que no existe base para el impeachment (destitución en el Legislativo)”, afirmó Rousseff en una rueda de prensa en el palacio presidencial de Planalto, en Brasilia.
“Es imposible creer que por mi trayectoria política, por mi honradez, me resigno ante los que actúan con absoluta falta...