Una investigación reveló cómo servicios de inteligencia rusos utilizan las redes sociales para reclutar a ciudadanos latinoamericanos, en su mayoría colombianos, para ejecutar actos de sabotaje en Europa. Sus labores van desde vigilancia fotográfica hasta incendios provocados.
Desde el año 2024, algunas acciones vandálicas en Polonia, República Checa, Rumania y Lituania han tenido una característica en común. Los capturados como presuntos responsables son de origen colombiano, cubano o español.
El primero de ellos fue el 23 de mayo de 2024 cuando Andrés Alfonso de la Hoz, colombiano, incendió un almacén de materiales de construcción en Varsovia, provocando daños menores. Días después provocó una segunda conflagración en un almacén ubicado en Radom. Posterior a estos ataques, canales rusos afirmaron falsamente que esas instalaciones funcionaban como centro logístico militar para las fuerzas ucranianas.
Sus acciones no solo fueron en territorio polaco. El 6 de junio de 2024, De la Hoz le prendió fuego a varios autobuses del transporte público en un depósito de Praga, República Checa. En ese país fue capturado y condenado a 8 años.
Mientras este colombiano fue detenido en territorio checo, el exmilitar, también colombiano, Luis Alfonso Murillo Diosa ingresó a Bucarest (Rumania) procedente de Medellín para llevar a cabo labores de reconocimiento visual, fotografías y videos sobre una planta de reciclaje e instalaciones energéticas en Bragadiru.
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Su misión duró 2 días, entre el 28 y el 30 de julio, pues en este último día antes de que intentara provocar un incendio en una estación de gas, la policía de ese país lo interceptó. La justicia rumana lo condenó a seis años de cárcel.
Hasta el momento, parecería que fuera solo una coincidencia: dos ciudadanos colombianos detenidos por provocar incendios en Polonia, Chequia y Rumania; sin embargo, en septiembre de ese mismo año, una operación contra la empresa TVC Solutions en Lituania ya conectaba los hechos anteriores.
Allí, el 2 de septiembre, el colombiano Gonzalo de Jesús Ramos Santos ingresó a Lituania para realizar el reconocimiento preliminar y tomar fotografías de las instalaciones de la empresa y sus accesos. Esta compañía es instaladora de equipos móviles de análisis del espectro radioeléctrico valorados en 1,5 millones de euros que al parecer son destinados a Ucrania.
Días después, el 8 de septiembre, la cubana-española Mayra Eukaris de la Lastra Nistal llegó a la zona para realizar grabaciones adicionales de las instalaciones y transmitir la información operativa. El 17 de ese mes, el español José López Aguilar y el colombiano-español Andrés Felipe Díaz Rivas compraron combustible e intentaron iniciar el fuego, pero abortaron el ataque al detectar la presencia de patrullas policiales. Huyeron a Letonia, donde fueron detenidos.
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Estos aparentes hechos aislados, corresponderían a una red de “agentes desechables” o personas de un solo uso, así lo determinó una investigación de la Red de Periodismo de Investigación de los Medios Públicos Europeos quienes revisaron documentos judiciales, tuvieron acceso a archivos policiales y hablaron con expertos en seguimiento en redes sociales.
¿Cómo funciona la red de “agentes desechables” que recluta latinos?
De acuerdo con la investigación realizada por los medios públicos europeos y citando documentos judiciales, hay un sistema multinivel por capas vinculado al servicio de inteligencia militar ruso diseñado para que ningún eslabón conozca la totalidad de la cadena.
La red tendría en España la base logística y de residencia de esta trama. Desde allí algunos miembros organizaban viajes y coordinaban enlaces aprovechando la libertad de movimiento en la Unión Europea.
Las personas reclutadas suelen ser migrantes colombianos o cubanos que presentan una situación de vulnerabilidad económica. También captan la atención de delincuentes locales o exmilitares en busca de ingresos rápidos.
Para captar su atención, los líderes de estas operaciones publican anuncios y ofertas de trabajo en grupos abiertos de Facebook y suelen tener nombres como “Latinos en Polonia” o “Cubanos en Rusia”. En estas publicaciones se ofrecen sumas iniciales de entre 100 y 300 euros por tareas aparentemente inofensivas, como tomar fotografías de infraestructuras o edificios.
Allí hacen un filtro y quienes cumplen las primeras tareas son trasladados a chats privados de Telegram, donde reciben misiones más peligrosas y pagos superiores que oscilan entre 1.500 y 3.000 dólares, además de billetes de avión y reservas de hotel financiadas.
Por esta red son buscados Oemis Romagosa Durrutty y Alexeis Pecora. El primero es un cubano-ruso residente en Petrozavodsk (Rusia). Allí trabajaba como profesor de salsa y bachata. Los seguimientos policiales indican que en internet operan al parecer con el alias de Dios, Adrian Zans o Roma Martinelli y es el encargado de publicar las ofertas de trabajo, coordinar desplazamientos, reservar alojamientos y pagar taxis en Europa.
Pecora es un cubano afincado en San Petersburgo (Rusia) y está enfocado en la logística operativa, envío de imágenes satelitales con rutas de escape y pagos de transporte a los agentes. El colombo-español Carlos Alberto Legarda Devia está en juicio en Lituania y desde España era quien actuaba como nodo logístico e intermediario, coordinando compras de combustible, enviando imágenes satelitales y recibiendo reportes de las operaciones.
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Los agentes analizaban las instalaciones a través de fotos y videos y estudiaban rutas de escape. Luego un equipo adquiría materiales inflamables para provocar incendios y una tercera persona viajaba posteriormente para comprobar el impacto y documentar el resultado.
Dentro de los objetivos de esta red, según la investigación de los medios europeos, está la de generar paranoia social, desafiar la confianza en los gobiernos europeos y erosionar el apoyo a Ucrania.
Por otro lado, también buscaban probar la velocidad de respuesta policial, los mecanismos de cooperación internacional y las medidas defensivas europeas.
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Bloque de preguntas y respuestas:
- ¿Cómo reclutan los servicios de inteligencia rusos a ciudadanos latinoamericanos para cometer sabotajes en Europa?
- La investigación señala que los reclutadores publican ofertas de trabajo en grupos abiertos de Facebook, dirigidas especialmente a migrantes vulnerables. Después de tareas iniciales, trasladan a los candidatos a chats privados de Telegram, donde reciben misiones más peligrosas y mejor remuneradas.
- ¿Cuánto dinero ofrecen por las primeras tareas de la red de “agentes desechables”?
- Las primeras tareas pueden ser remuneradas con entre 100 y 300 euros y consisten aparentemente en actividades inofensivas, como fotografiar edificios o infraestructuras. Quienes superan ese filtro pueden recibir posteriormente entre 1.500 y 3.000 dólares por misiones más peligrosas.
- ¿Qué es la red de “agentes desechables” vinculada a Rusia?
- Es una estructura multinivel en la que cada participante conoce solo una parte de la operación. Según la investigación, reclutadores, intermediarios y ejecutores cumplen funciones separadas para dificultar que las autoridades identifiquen toda la cadena.
- ¿Cómo reclutan los servicios de inteligencia rusos a ciudadanos latinoamericanos para cometer sabotajes en Europa?
- La investigación señala que los reclutadores publican ofertas de trabajo en grupos abiertos de Facebook, dirigidas especialmente a migrantes vulnerables. Después de tareas iniciales, trasladan a los candidatos a chats privados de Telegram, donde reciben misiones más peligrosas y mejor remuneradas.
- ¿Cuánto dinero ofrecen por las primeras tareas de la red de “agentes desechables”?
- Las primeras tareas pueden ser remuneradas con entre 100 y 300 euros y consisten aparentemente en actividades inofensivas, como fotografiar edificios o infraestructuras. Quienes superan ese filtro pueden recibir posteriormente entre 1.500 y 3.000 dólares por misiones más peligrosas.
- ¿Qué es la red de “agentes desechables” vinculada a Rusia?
- Es una estructura multinivel en la que cada participante conoce solo una parte de la operación. Según la investigación, reclutadores, intermediarios y ejecutores cumplen funciones separadas para dificultar que las autoridades identifiquen toda la cadena.