El jueves 23 de abril, cuando toda posibilidad de estar en el mundial de robótica juvenil en Estados Unidos estaba extinta, llegó un correo al Columbus School de Envigado diciendo que habían clasificado a la cita internacional con lugar en Houston. Los estudiantes no lo podían creer, y sus maestros mentores tampoco, pero lo cierto es que apenas tenían tres días para reacondicionar su robot y empacar maletas si realmente querían pisar suelo norteamericano. Así lo hicieron, y lo mejor fue que tras competir se ganaron el premio al Espíritu de Equipo entre más de 600 participantes.
Esa es apenas una pequeña parte de la historia de los Lightning Blue Lizards (Lagartos Azules Relámpago) de este colegio envigadeño, un grupo de más de 10 alumnos, desde el grado 9° hasta el grado 12°, que a su corta edad y aún sin graduarse como bachilleres, ya han hecho más de lo que esperaban en el ámbito de la robótica.
El mundial, que se llevó a cabo entre el 29 de abril y el 2 de mayo, lleva por nombre FIRST: For Inspiration and Recognition of Science and Technology, y es el evento más importante de robótica para estudiantes de primaria y secundaria. Los Lagartos Azules participaron en la categoría Competencia de Robótica FIRST, que es para chicos entre los 14 y los 18 años, la cual consta de insertar pelotas a una canasta con ayuda de un robot, diseñado precisamente para cumplir esta tarea y con una forma peculiar, no tipo humanoide sino más como un pequeño vehículo.
The Columbus School solo había participado una vez en ese mundial y fue en 2019. A pesar de sus esfuerzos y presentaciones en otras competencias, la oportunidad de volver a una cita mundialista no se les había dado. Fue hasta después de 7 años que por fin pudieron clasificarse y mejor aún, ganar una distinción que quedará en las vitrinas de la institución y en el recuerdo de los ganadores.
Los verdaderos protagonistas
En uno de los laboratios del Columbus School, bautizado como el Makerspace, están sentados en una mesa cuatro de los estudiantes que hacen parte de los Lagartos Azules Relámpago: Ariana Agudelo Luján y Mariana Echavarría Ochoa de 11°, y Rebecca Guerra Martínez y Clemente López Escobar de 10°.
Cada uno tiene una función específica en el equipo para que todo marche a medida y sin contratiempos. Por ejemplo, Ariana es la líder general; Mariana es la líder de mercadeo; mientras que Rebecca y Clemente hacen parte del equipo de mecánica.
Entérese: El profe paisa que se disfraza de faraón, soldado romano y káiser alemán para dar sus clases de historia en Medellín
Sí, hay rangos, pero para ellos es lo de menos. Su enfoque, según relatan, siempre ha sido mantenerse unidos y trabajar en pro del equipo, dejando a un lado egos y las ganas de sobresalir. Es así como año tras año participan de las regionales de robótica juvenil, también en Estados Unidos, donde han obtenido múltiples reconocimientos.
“Todos hemos armado aunque sea una medalla. Es un equipo muy unido en el que cada uno tiene una función y la desempeña de la mejor manera”, fue lo que dijo Ariana sobre sus compañeros.
En medio de todo el proceso, uno de los retos más difíciles para los estudiantes fue restaurar el robot con el que iban a competir en el mundial. Y cabe la palabra “restaurar” porque, si bien ya lo habían diseñado para competencias previas, producto de la fricción y los golpes durante los eventos es normal que no quede en las condiciones más óptimas. Es ahí donde entran las manos de Clemente, Rebecca y las de los otros miembros del equipo de mecánica, quienes en un fin de semana tuvieron que ajustar cada detalle del robot y de la logística para llevarlo a Estados Unidos.
“En dos días ajustamos el robot y miramos cómo lo íbamos a llevar. En tres o cuatro maletas tuvimos que acomodar nuestro taller, mientras que otros equipos que están allá tienen a su disposición más de 50 cajas. Por eso se hizo una selección de lo indispensable y lo que no”, precisó Clemente.
Le puede interesar: Equipo de la UdeA busca $60 millones para ir a competencia aeroespacial en EE. UU.
Una vez en Boston ensamblaron el robot –ya que, por tamaño, lo deben llevar en partes– para que los jueces hicieran todos los chequeos correspondientes antes de la competencia. Lo que muchos no saben es que si algo del prototipo falla durante la inspección, así sea un detalle mínimo, no pueden participar del mundial. Por fortuna todo salió bien, y el Columbus School regresó al país con uno de los premios.
El papel de los mentores
Andrés Julián Zúñiga es docente del Columbus School hace 17 años y es uno de los líderes del proyecto. Tuvo la oportunidad de vivir el mundial de 2019 y ahora este, pero para él, lo más importante, es cómo sus estudiantes han aprendido durante el proceso y aplicado esos conocimientos en casos de la vida diaria.
“Lo que queremos es crear una comunidad que se motive. Nuestro equipo es un Hub de innovación abierta para todas las personas. Podríamos decir que la robótica es solo una excusa para impulsar los proyectos sociales que son lo más relevante”, dijo.
Tras ganar en la cita mundialista, el Columbus School se preparara como anfitrión del RoboJam Nations que se realizará el próximo 23 de mayo, una competencia de robótica en la que participarán más de 150 equipos de diferentes ciudades de Colombia y de otros países. Otra oportunidad para que los estudiantes antioqueños muestren todo su potencial y saquen a relucir lo mejor de sí.
TOM: a lo que apuesta el Columbus School