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Las ballenas jorobadas están de paso por Colombia

  • La yubarta alcanza hasta 19 metros y entre 30 y 40 toneladas en estado adulto. Foto: Manuel Saldarriaga
    La yubarta alcanza hasta 19 metros y entre 30 y 40 toneladas en estado adulto. Foto: Manuel Saldarriaga
Vanesa de la Cruz Pavas | Publicado el 04 de octubre de 2021

Desde julio hasta noviembre estarán de paso por Colombia. Así son estos mamíferos.

En un mar de aguas calmadas y cálidas, con el sol sobre la piel de todos los que están en el pequeño barco y su reflejo sobre las gafas de sol, los lentes de la cámara esperan ansiosos, al igual que quienes los sujetan, la aparición de la ballena.

De repente, más cerca de lo esperado, se escucha un soplido de agua que alcanza casi tres metros de altura y todas las miradas se dirigen allí.

Segundos después sale del agua, en una acrobacia perfecta, un enorme mamífero que es seguido, en un salto más novato, por su “pequeña” cría, un ballenato de poco más de cuatro metros.

Los espectadores, afortunados en presenciar dicho espectáculo, solo alcanzan a gritar, reír y algunos a llorar mientras ven a la madre educar y acompañar a su hijo.

El avistamiento de ballenas, una actividad cada vez más popular, es posible en varios lugares de Colombia gracias a las aguas tropicales del océano Pacífico, que son preferidas por estos gigantes para parir, alimentar, criar a los ballenatos, cortejar y aparearse.

A las costas que van desde Nariño hasta Chocó llegan las jorobadas o yubartas entre julio y agosto después de un viaje de aproximadamente 8.500 kilómetros y se queda hasta cuatro meses, hasta octubre y algunas hasta noviembre.

Estos mamíferos no solo son los animales más grandes que han existido, incluso más que los dinosaurios de los que se tiene referencia, sino que son vitales para el equilibrio del ecosistema marino y traen consigo, al llegar a Colombia, economía y turismo a su alrededor.

Estos avistamientos deben hacerse de forma responsable pues tienen consecuencias a corto y largo plazo para las ballenas y, de hacerse sin regulación, podría causar que estas no vuelvan a las aguas colombianas. (Ver recuadro).

Las más grandes del planeta

Los cetáceos son mamíferos marinos que no son peces, que respiran gracias a los pulmones y que logran mantener su temperatura corporal. Entre ellos se destacan las ballenas, los delfines y las marsopas.

Aunque pasan toda su vida en el agua, su origen proviene de criaturas terrestres llamadas artiodáctilos que evolucionaron hace 60 millones de años.

Las ballenas son el animal más grande. La azul, por ejemplo, puede llegar a medir hasta 30 metros. La jorobada, también conocida como yubarta, alcanza hasta 19 metros y entre 30 y 40 toneladas en estado adulto, siendo la tercera más pesada y la cuarta más larga, y recibe su nombre por la joroba que se forma cuando se sumerge. (Más características físicas en el gráfico).

Las yubartas son conocidas acróbatas, lo que las ha hecho famosas y perseguidas para el avistamiento, pues sus saltos y sumergidas son fáciles de ver a distancia.

Isabel Cristina Ávila, investigadora y docente de la Universidad del Valle de mamíferos marinos explica que este comportamiento, además de ser una forma de comunicación y una forma de desarrollo muscular para las crías, es una forma de limpieza, “pues se les adhieren balanos, crustáceos y parásitos a la piel que hacen que pierdan hidrodinámica y ganen peso. Para limpiarse, ellas hacen los saltos que desprenden a estos organismos”.

Su protección es importante porque, además de representar un espectáculo y una alternativa de turismo, son fertilizadoras de océanos: “Sus heces fertilizan el océano, cuando migran mueven nutrientes desde los trópicos hacia los polos y viceversa y desde la superficie hasta las profundidades que alcanzan; al dar a luz la placenta se desprende y también tiene nutrientes y cuando mueren esas toneladas de carne y hueso son alimento para otros animales, como tiburones y peces”.

Es decir que son fundamentales para el equilibrio del ecosistema marino y el cambio climático, la contaminación de los afluentes de agua, el turismo sin controles y las malas prácticas pesqueras son algunas de las amenazas ante las que hay que estar atentos.

Migración y turismo

Las jorobadas llegan al Pacífico colombiano desde la península Antártica y el estrecho de Magallanes buscando aguas cálidas y no permanecen en la misma zona. Los machos regresan pronto después de aparearse y las madres y los recién nacidos permanecen por cuatro meses aproximadamente.

De acuerdo con Ávila, la zona colombiana más importante para esta especie es la bahía Málaga, donde se observan más crías y se dan más nacimientos que en ninguna otra parte. “Otras zonas importantes son el golfo de Tribugá, bahía de Tumaco y Gorgona”.

El turismo en estas regiones, aunque es beneficioso para las comunidades, puede ser perjudicial para las ballenas a corto y largo plazo, continúa Ávila.

Las lanchas y los barcos no solo invaden su espacio y generan ruido, sino que además contaminan con los residuos de gasolina y son un riesgo inminente de colisiones, de los que ya hay registros en la piel de las ballenas. “Si este mamífero no logra tener un espacio tranquilo para criar y amamantar, es posible que no vuelva”.

Sumado a esto, las redes de pesca las capturan de forma accidental y muchas mueren enmalladas. De hecho, “se estima que anualmente son 300.000 los cetáceos que mueren a causa de esto”, dice la investigadora.

El ruido además afecta su sistema de comunicación, que es complejo, lo enmascara. “No solo los cantos como cortejo, sino que la madre y la cría se comunican con sonidos sociales. Además, si el ruido es muy fuerte, como de explosiones o prospecciones sísmicas, puede dañar las membranas timpánicas”.

En el mundo existen regulaciones y reglamentaciones para las prácticas de avistamiento correctas, aunque en Colombia se acogen como recomendaciones desde 2017.

Algunas de estas son mantener una distancia mínima de 100 metros con motor prendido, no tener más de tres embarcaciones ni más de 15 minutos con el mismo grupo de ballenas, no perseguirlas por detrás ni atravesarse por delante sino que alcanzarlas de forma lateral y a velocidades de cinco nudos.

Estas acciones, sumadas a planes integrales de basuras y contaminación en las zonas costeras, permitirán que el avistamiento se haga de forma responsable y que las ballenas tengan ganas de volver.

* Amplíe el infográfico y dé clic en los círculos para interactuar con la información.

Vanesa de la Cruz Pavas

Periodista de la UPB. Amante de las historias y de las culturas. Estoy aprendiendo a escuchar y a escribir.


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