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El 40 % de primates de la región está bajo amenaza

  • El sector del río Magdalena es de gran importancia ecológica con presencia de monos como este araña. Deforestación, caza ilegal, especies invasoras y enfermedades virales ponen en riesgo su sobrevivencia. FOTOJuan Antonio Sánchez
    El sector del río Magdalena es de gran importancia ecológica con presencia de monos como este araña. Deforestación, caza ilegal, especies invasoras y enfermedades virales ponen en riesgo su sobrevivencia. FOTO Juan Antonio Sánchez
Por Yvette Sierra
Praeli - Mongabay Latames.mongabay.com/ | Publicado el 04 de septiembre de 2020

En el mundo hay 705 especies y subespecies de primates y aproximadamente la tercera parte de ellos habita en los bosques de Latinoamérica. Son 217 variedades de simios que viven en 20 países de América Latina desde el sur de México hasta el norte de Argentina. Del total, “el 40 % de primates endémicos del continente están amenazados de extinción”, dice Leandro Jerusalinsky, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Primatología (SLAPrim).

Pero el riesgo no queda ahí. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza –cita Jerusalinsky– hasta un 70 % de los primates latinoamericanos tiene poblaciones que están disminuyendo. “En el futuro, el 70 % estará amenazado de extinción”, agrega.

Un panorama regional

Los primates en Latinoamérica tienen dos particularidades, explica Jerusalinsky. La primera es que dependen fundamentalmente de los bosques para sobrevivir porque están adaptados para vivir en los árboles. Y la segunda es que son animales sociales que siempre viven en grupos. “Estas dos características, muy marcadas en los primates neotropicales, los hace más susceptibles a la deforestación”.

El científico explica la compleja dinámica social de los primates, que no puede llevarse a cabo en un ecosistema deforestado. Los jóvenes cuando alcanzan la madurez sexual deben abandonar el grupo familiar y buscar su espacio. Este sistema de organización que asegura la sobrevivencia de la especie se ve afectado por la deforestación del bosque, debido a la falta de espacio para formar nuevos grupos familiares.

“La fragmentación del hábitat impide que se concrete esta dinámica social y al no encontrar nuevas parcelas, las nuevas familias se ven obligadas a permanecer en el mismo espacio, dando paso a problemas genéticos debido a consanguinidad”, comenta Jerusalinsky, quien es coordinador del Centro Nacional de Investigación y Conservación de Primates Brasileños.

Un segundo problema para la conservación de los primates es la cacería. Esta actividad como subsistencia para los pueblos originarios que consumen carne de primates no significan un problema, indica el experto, pero si se trata de caza deportiva, o de caza ilegal destinada al tráfico de especies y al mascotismo, se puede condenar a una especie a la extinción local. “La caza en un lugar muy deforestado como la Mata Atlántica en Brasil, condena a las especies a su extinción local”.

Más problemas

Otra causa de la reducción de su población tiene que ver con las especies invasoras, muchas veces se libera a una fuera de su área de reproducción, por lo tanto, termina compitiendo por recursos con especies de la zona, como ha sucedido en Brasil con los Callithrix –un género de primates que incluye a los monos titís–.

Enfermedades como la fiebre amarilla y el herpes tienen efectos devastadores. “Aún desconocemos la diversidad de primates que existen en Latinoamérica. En los últimos 30 años hemos descubierto una especie nueva por año”, señala Jerusalinsky y agrega que esa falta de conocimiento sobre las especies hace más difícil plantear las estrategias para su conservación. Fanny Cornejo, directora de Yunkawasi, organización dedicada a la conservación de ecosistemas, coincide con Jerusalinsky sobre la falta de información que existe sobre muchas especies de primates.

El científico añade que existen casos como el del mico león dorado de Brasil o los monos aulladores en Panamá que han sido ampliamente estudiados, pero también hay especies de las que se sabe muy poco. “No sabemos sus límites de distribución ni su abundancia poblacional, desconocemos qué comen. Para la mayoría hay mucho que descubrir. Tenemos que hacer investigación básica”.

¿Y Colombia qué?

Después de Brasil y Perú aparece como el país con más especies de primates. Son 38 especies conocidas cuyas poblaciones están amenazadas por el mal regional: la deforestación.

Andrés Link, director de la Fundación Proyecto Primates, explica que las poblaciones de simios con mayor grado de amenazas habitan en el Caribe y la zona Andina. “El reto es conservar esas poblaciones que han perdido gran parte de su hábitat. El mono tití de Caquetá y el mono tití cabeza de algodón son dos especies endémicas en situación muy delicada”.

El investigador explica que los que habitan en los valles ubicados entre las tres vertientes de la Cordillera de los Andes están expuestos a una gran presión debido a la expansión de la ganadería y de los cultivos de palma aceitera. Una de las especies del valle del río Magdalena es el mono araña café (Ateles hybridus), “muy amenazada porque vive en un eje de desarrollo. La situación de esta especie es grave y necesita acción inmediata”, precisa Link, quien lo ha investigado por 20 años.

El científico señala que más de la mitad de las especies de primates en Colombia está catalogada bajo algún tipo de amenaza –un total de 21, tres de ellas En Peligro Crítico– por lo que es urgente recuperar sus hábitats, establecer áreas protegidas, y proponer alternativas para las poblaciones que dependen de los primates y de la madera de sus bosques.

Contexto de la Noticia

radiografía la importancia de estudiarlos

Andrés Link, profesor del departamento de Biología de la Universidad de los Andes, explica que los monos, como dispersadores de semillas, son responsables de la conservación de la biodiversidad de los bosques. “De la conservación de estas especies depende también la propagación de las plantas y de los microorganismos”. El investigador considera que la información científica debe servir para tomar decisiones en términos de conservación. De lo contrario, dice, “sus sujetos de estudio no estarán ahí en las próximas décadas”.

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