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Meta de sanandresanos: reciclar 40 % de los residuos

  • La transición del relleno sanitario Magic Garden a una planta de Residuos Sólidos Urbanos ha sido lenta. Se espera que el cambio culmine este año. FOTO Sergio Correa
    La transición del relleno sanitario Magic Garden a una planta de Residuos Sólidos Urbanos ha sido lenta. Se espera que el cambio culmine este año. FOTO Sergio Correa
  • Meta de sanandresanos: reciclar 40 % de los residuos
  • Así queda el plástico, procesado y empacado para ser transportado a continente por vía aérea. FOTO Cortesía
    Así queda el plástico, procesado y empacado para ser transportado a continente por vía aérea. FOTO Cortesía
  • Meta de sanandresanos: reciclar 40 % de los residuos
Publicado el 18 de febrero de 2020
Infografía
Ellos ponen manos al plástico por San Andrés
300

millones de pesos han invertido en el proyecto los sectores público y privado.

en definitiva

En el reciclaje de plástico, la comunidad raizal de San Andrés aporta a la solución de la problemática ambiental de la isla. Involucrar al turismo y crear cultura son los nuevos retos.

Cada vez que el espeso humo proveniente del relleno sanitario no le permite ver más allá de la puerta de su casa, Lizeth Arigan recuerda las palabras que le decía su padre cuando ella era una niña y estaba aprendiendo a nadar: “Cuando el basurero se prenda, usted lo único que va a hacer es tirarse al mar, no lo piense dos veces”. Y es que, para ella, líder del barrio Schooner Bight, de la isla de San Andrés, vivir rodeada de basura es algo que deja marca.

Hace parte de las cerca de 180 familias que habitan en cercanías al Magic Garden, el relleno sanitario que soporta todos los residuos de la isla y que ya no da abasto. Una comunidad que tuvo que buscar soluciones propias y que hoy, según estimaciones del Pnud, procesa cuatro toneladas semanales de plástico para darle un mejor uso: “Nadie nos ha sabido explicar por qué se generan los incendios, han sido varios. Creemos que es por la falta de atención de la Gobernación al basurero, pero allí nos dicen que pueden ser seres humanos que le prenden fuego a toda esa basura. La cosa es que el barrio está ahí, a apenas unos metros y en la comunidad hay niños y ancianos ¿Qué podemos hacer cuando eso pasa? Aguantar el humo, buscar a dónde ir o tirarnos al mar”, comenta

Y es que, con 3.000 habitantes por kilómetro cuadrado, un millón de turistas que al año pasan por sus playas y una producción de 78 toneladas diarias de desechos, la isla de San Andrés se ha convertido en una olla a presión de basuras.

La problemática empezó a hacerse visible en mayo de 2018, cuando justo después de que ocurriera uno de los frecuentes incendios, los habitantes de Schooner Bight bloquearon la vía de acceso al Magic Garden, que también conduce a la planta de electricidad de la Sociedad Productora de Energía de San Andrés (Sopesa).

Los vecinos pedían que el Gobierno cumpliera la promesa de poner en marcha en el lugar una estación de Residuos Sólidos Urbanos (RSU), que permite convertirlos en energía. La obra empezó a construirse en 2011 con una inversión de 38.000 millones de pesos pero, de acuerdo con la comunidad, su funcionamiento se ha visto estancado por dificultades técnicas con el procesamiento de la basura, que ya está enterrada en el Magic Garden.

Con el temor de un eventual desabastecimiento de energía en la isla y de que el bloqueo impidiera controlar las llamas, las autoridades departamentales emprendieron sesiones de mediación con la comunidad, que derivó en un proceso de consulta previa, liderado por el Ministerio del Interior.

Una solución compartida

De la búsqueda de alternativas a ese caos surgió la Schooner Bight Ethnic Association, de la que Lizeth Arigan es representante legal. Al principio, cuenta ella, solo era un grupo de jóvenes que se reunía para hacer actividades con la gente: “Empezamos haciendo un festival cultural en 2017. Después de eso nos organizamos como asociación y empezamos a trabajar por la comunidad, a tocar las puertas a los empresarios, para que sean conscientes del daño ambiental que están produciendo con el mal manejo de desechos”.

Pero los efectos no son solo para los vecinos del botadero. Así lo comenta Relis Arigan, también integrante de la asociación Schooner Bight, quien advierte que “la belleza natural que tenemos se ve afectada por cosas. Por ejemplo, ya no vienen tortugas a San Andrés y las iguanas se han ido extinguiendo”. Señala también que “los jóvenes somos los mayores consumidores de productos, siempre estamos buscando probar cosas nuevas. Eso nos deja una responsabilidad que debe empoderarnos, no poner todo el peso en manos del Gobierno, a tener sentido de pertenencia y construir acciones para conservar el paraíso que es la isla. Está en nuestras manos”.

Para Relis, a quien todo el mundo en la isla conoce como Zambo, su nombre artístico cuando canta ritmos caribeños, la ruta es clara: “Darle una economía circular a todo lo que llega a la isla y que una botella se vuelva a convertir en otra botella, para que no termine en el relleno”.

Fue así como para los integrantes de la asociación, participar en el proceso de consultas previas pareció tan natural. Y de la construcción colectiva salió la idea: transformar el plástico, que representa un 40 % de los residuos que llegan al Magic Garden, para que pudiera ser reutilizado. El Ministerio del Interior acudió al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y le pidió que ayudara a aterrizar la iniciativa y transformarla en un proyecto sostenible.

Lina Arbeláez, gerente nacional de Reducción de Pobreza e Inequidad del Pnud, explica que, aunque es parte fundamental de Colombia, San Andrés tiene unas condiciones particulares que llamaron la atención del programa desde la visión del desarrollo humano y los objetivos de desarrollo sostenibles: “Es una isla con problemáticas y no ha tenido las estructuras para generar un cambio que la lleve a la sostenibilidad y a tener una potencia real de crecimiento desde donde sus mismas personas nativas, los raizales, sean los gestores del futuro”.

El Pnud entró entonces a jugar el rol de articulador, pues “logramos integrar actores importantes del sector privado, que entendieron que en el marco de la razón de ser de sus negocios tenían un compromiso frente a la disposición final del plástico en San Andrés. Aquí no solo hablamos de responsabilidad social empresarial, sino de negocios llamados a la acción, que incorporan en su modelo de desarrollo económico una visión diferente de la responsabilidad que tienen con el planeta”.

Por parte del sector público, la Gobernación de San Andrés reconoció que parte del problema es cultural, pues en la isla las buenas prácticas para el manejo de residuos son incipientes. Por eso, se empezó a fortalecer el tema con la población escolar. Así lo manifestó Lucila Morelos Páez, secretaria de Educación, quien además explicó que “la idea es que la formación en este aspecto quede incluida en el Plan de Desarrollo, para que se extienda a todos los niveles de escolaridad. Si bien ya cada institución educativa ejecuta un proyecto ambiental, a esto hay que darle otra mirada”.

Otro de esos actores es la asociación gremial Acoplásticos, que además de invertir presupuesto en el proyecto, donó equipos para que la asociación Schooner Bight pudiera adecuar una bodega en el Magic Garden. Su director, Daniel Mitchell, explicó que “en el país tenemos que alcanzar una economía circular de los plásticos. Por eso nos incorporamos en la capacitación y en conectar a la asociación con sus potenciales clientes, que son empresas de Bogotá que reciben el material y hacen la transformación para convertir ese residuo plástico en una silla, en una mesa, en un empaque, en una manguera”.

Pero hacía falta un eslabón en la cadena. A miles de kilómetros de distancia del continente, ¿cómo lograr que el plástico recolectado en la isla llegara a Bogotá? La respuesta la tenía Latam, que también se vinculó a la iniciativa.

María Lara, directora de Asuntos Corporativos de la aerolínea, destacó que “ese millón de personas que llegan al año como turistas hacen que Latam, como principal operador aéreo de la isla, tenga una responsabilidad gigantesca. Vemos que para que nuestra operación sea sostenible a futuro tenemos que reconocer los impactos y gestionarlos. Habíamos explorado varias alternativas en San Andrés, pero ésta nos pareció ganadora porque no es solo un actor intentando cosas, es una articulación en un círculo virtuoso”.

Actualmente, los integrantes de la asociación recogen el plástico en tres recorridos a la semana por hoteles, locales comerciales y residencias; en la bodega del Magic Garden lo seleccionan, lo limpian y lo adecúan, y posteriormente lo entregan a Latam, que los transporta en sus vuelos comerciales a Bogotá, en volúmenes de unas cuatro toneladas a la semana, para que el comprador lo recoja en aeropuerto, lo que representa todo un reto logístico y técnico, que pasa por “asegurarse que la carga esté lista en aeropuerto a la hora del vuelo o cumplir con rigor la normatividad sanitaria”, explica Lara.

Ahora, la comunidad de Schooner Bight está lista para zarpar con velas propias y Lizeth Arigan ya se siente preparada. “Entendimos que no podemos solucionar toda la problemática de basuras, pero sí podemos evitar que ese 40 % de desechos vaya al relleno sanitario. Y 40 % es nuestra meta actual, pero esperamos crecer mucho más” .

Contexto de la Noticia

Causas Una verdadera bomba de tiempo

· Tras el bloqueo vial producido en 2018, la Gobernación de San Andrés se comprometió a atender las necesidades de la comunidad, entre otras cosas, con la construcción de infraestructura recreativa y de servicios.

· Actualmente, la comunidad afirma que ha tenido más acompañamiento del Gobierno, pero que las promesas no se han cumplido.

· La entrante Administración de San Andrés, en voz de la secretaria de Educación, Lucila Morelos, retomó los compromisos y anunció que continuará apoyando los proyectos de los habitantes de Schooner Bight.

Sergio Andrés Correa

Tengo la maleta siempre hecha y mi brújula, que por lo general apunta al sur, me trajo al periodismo para aclarar mi voz. Busco la pluralidad y no le temo a la diferencia.

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