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Las playas de Urabá sí tienen quien las quiera

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Por gustavo ospina zapata | Publicado el 07 de septiembre de 2015

Fotos Donaldo zuluaga

El río Atrato es como un dragón. Un monstruo invencible que no vomita fuego sino toneladas de sedimentos que van a dar a las playas de Urabá, dibujando un panorama similar al que dejaría un pequeño tsunami.

En total, está contado, son 11,26 millones de toneladas al año. Entre los ríos Chigorodó, León, Vijagual, Grande, Zungo, Apartadó, Carepa, Currulao, Guadualito y Turbo, afluentes del Atrato, se amasan 4 millones más, para un total de 15,4 millones de toneladas, revela el Instituto de Investigaciones Marinas (Invemar).

Antioquia tiene 425 kilómetros de playa y es el segundo departamento con más costa en el Atlántico. La tiene en los municipios de Arboletes, San Juan, Necoclí y Turbo, pero casi inexplotadas turísticamente. En la vida cotidiana de los pobladores sí está arraigado el mar. Gran parte de sus habitantes vive de la pesca y cerca a las playas se asientan las poblaciones.

Pero los municipios no abocan la tarea de frenar la erosión ni los sedimentos. Es lo que la población pueda hacer, los dolientes civiles que se angustian con el panorama desolador. Individualmente hacen esfuerzos por frenar la avalancha.

Ana Caicedo, estudiante de oceanografía en la sede de Ciencias del Mar de la Universidad de Antioquia en Turbo, afirma que eligió la carrera porque “vivo en Turbo y me preocupa el problema de las playas y deseo conocer la dinámica del océano”. Asegura ser consciente de que las problemáticas son grandes.

Alfredo Jaramillo Vélez, coordinador del programa de Ingeniería Oceanográfica de la Facultad de Ingeniería, detalla que la Alma Máter, está formando allí a estudiantes en ingeniería oceanográfica, ecología de zonas costeras, oceanografía e ingeniería acuícola, aunque aclara que en la seccional se ofrecen programas de otras áreas del saber.

“La idea es darles un ámbito de formación, estamos formando gente útil para todo el Caribe y el Pacífico colombiano”, en donde pueden aportar sus conocimientos para ayudar a resolver problemas, asegura el ingeniero Jaramillo Vélez.

En un recorrido por las cuatro costas, EL COLOMBIANO comprobó que en ninguna localidad se ejecutan obras para reducir el impacto de la erosión y los sedimentos. Todas las playas de Urabá registran alto grado de contaminación, pero la gente entra al mar y se divierte. Mar y playa, al fin y al cabo, son riquezas naturales y hay que disfrutarlas, dicen los turistas que se ven por allá....

Contexto de la Noticia

con manos de mujer en arboletes

Arboletes, como todas las poblaciones de Urabá, sufre en sus playas los efectos de la erosión y también de las toneladas de sedimentos que trae el río Atrato. La indisciplina social de los residentes, que por años construyeron sus viviendas y cabañas cerca de la playa, también ha jugado su papel en el deterioro del litoral.

Sin embargo, de las poblaciones de la región, es la que más avances registra en la tarea de adecuar las playas para turismo y atraer visitantes. Con la Asociación de Mujeres Arboleteras (Asodmuar), se hace limpieza todos los días de la semana. Ellas son las vigías de un territorio que cuando se abandona se asemeja a un campo de batalla recién terminada la guerra.

“Somos 120 mujeres y trabajamos por grupos”, explica Miriam Tamayo, tesorera del colectivo, que además de asear la costa, realiza otras labores, como reciclaje y limpieza de calles. Tienen apoyo de la Alcaldía que, con la Gobernación de Antioquia, les acaba de asignar un contrato por tres meses para mantenimiento de las playas. Cada día -comenta Gumersinda Morales-, madrugan a las cinco de la mañana. y trabajan recogiendo materiales hasta las diez de la mañana. “Lo hacemos en esas horas, aprovechando que el sol es más suave”, y también para que ya estén adecuadas las playas cuando los turistas lleguen y empiecen a disfrutar la jornada, detalla Luz Stella Valencia, presidenta de Asodmuar.

Pero los residuos no solo son troncos y ramas de árboles, producto de la tala indiscriminada y casi sin control en las poblaciones adentro del Atrato. También salen botellas plásticas y de vidrio, recipientes de icopor, bolsas, zapatos, chanclas y artículos de hogar.

En el pueblo les reconocen su labor: “es valioso lo que hacen, pero deben darles un contrato largo, para qué limpiar unos días y luego dejar todo tirado”, sostiene el comerciante Gildardo Flórez.

Una sola familia es vigía en san juan

En San Juan de Urabá, las mejores playas están en el corregimiento Uveros, pero son muy alejadas de la carretera y de la cabecera municipal, a unos diez kilómetros, más o menos. Y se llega tomando un desvío por una carretera destapada cuyo trayecto es superior a los cinco kilómetros. En invierno se convierte en barrizal, cuentan los que pasan por allí.

Superada la vía, se llega a las playas, que serían atractivas, si no fuera por una lamentable combinación: sedimentos del Atrato y los desechos humanos, que están regados por doquier en cada metro de la costa; y el abandono y la desidia.

“Acá no se ve el amor por la tierra”, dice un moreno mientras camina por la playa. No revela su nombre para que no lo tilden de apátrida por hablar “mal” de su gente, pero ante las imágenes, no hay quién lo contradiga.

Por fortuna, las playas tienen su mecenas. Se trata de Eliécer Torres, que hace dos años llegó allí “desplazado” de Mellitos, un corregimiento de Necoclí donde se construye un puente de la vía a Urabá, que ya llega hasta la esquina de Arboletes.

“Todos los días madrugo con mis hijos a limpiar la playa. No me gusta el desaseo ni el desorden, hermano. Tomé esto como rutina”, cuenta Eliécer que, pese al desinterés de los vecinos, se enamoró de San Juan y allí instaló su estadero. A veces hasta le llegan turistas.

Es el único en el sector que tiene su pedazo de playa limpia. Le sería imposible, por demás, asear las de otros, pues la cantidad de residuos y sedimentos es descomunal. Hay tallos, ramas, hojas, maleza, botellas, bolsas, chanclas, zapatos, juguetes viejos. Le ayudan sus hijos Jorge y Camilo, de 7 y 12 años. Así tengan que irse a mediodía a estudiar, no le huyen a la labor. “A veces llegan pescados, cocos, pantalonetas y cosas así”, dice Camilo. No se ve inversión en estas playas, donde la erosión amenaza el barrio La Ceiba y cuatro kilómetros de costa .

playas de necoclíevocan un tsunami

El panorama en Necoclí no es muy diferente al de las otras playas de Urabá: erosión, sedimentos y basura que dejan los humanos dibujan un paisaje desolador. Hay caños de aguas negras que desembocan al océano y cuyo olor nauseabundo se esparce varios metros a la redonda, alejando turistas.

Como héroe solitario allí está “Guancho”, el apodo de Yólmer Marmolejo Colón, un necoclicense de 1,80 de estatura que a ratos va por la playa en bicicleta y cuando no, está limpiando, sobre todo en las mañanas.

“A mí me gusta limpiar, yo quiero mucho estas playas, soy de acá y me da tristeza tanto olvido”, comenta. Va descalzo. El panorama de las costas es tan lamentable, que él mismo repite que solo vio algo parecido cuando siguió por televisión el tsumani de Japón (2011).

Y es que la cantidad de sedimentos es tal, que al parecer la lucha del pueblo se hizo estéril ante la magnitud de la “avalancha” diaria. Y muchos prefirieron darse por vencidos.

El Municipio instaló casetas para estaderos en la playa, pero muchas están en desuso. Frente a ellas, sobre la arena, se ven cientos de toneladas de troncos, maleza y basura.

Al abandono de la “pelea” contra la basura, los ciudadanos le sumaron indiferencia, desidia e indisciplina. Y la basura que ellos mismos arrojan compite de tú a tú contra la que llega del río.

En las playas de San Sebastián está Alonso Gaviria (foto), que hace 45 años instaló allí su residencia y como rutina tomó la tarea de limpiar cada día la playa. En un bulto separa la maleza y los troncos y en otro lo reciclable (botellas, bolsas, recipientes). “Todos los días hay que hacerlo, si esto coge ventaja ya es invencible”, dice.

Para revivir el turismo, Fredy Marín organiza viajes hasta Capurganá y construye un malecón que le sirve para impulsar la actividad. El Municipio pavimentó la avenida de la playa. Pero la playa es un caos. Esa es la paradoja .

Ciudadano de E.U., el amigo de turbo

En Turbo, la erosión no solo amenaza las playas sino también la carretera. En los últimos años, varios estaderos que atendían a turistas en las tardes calientes, cerraron obligados por las toneladas de sedimentos que arrastran las olas hasta las playas.

Hay espolones destruidos, ruinas de estructuras de cemento que un día contuvieron el material que traían las aguas marinas, hasta que terminaron vencidas.

“Tuve que dejar mi estadero, el agua se metía y fue tumbando los muros”, comenta un muchacho muy disgustado, pero no dice su nombre. Su casa está a unos treinta metros de la playa, atravesando la vía, pero hasta ella llegan las aguas marinas cuando crece el oleaje. No se ve obra que ataje la avalancha ni la erosión. La gente se siente en el abandono.

Muchos habitantes han construido sus casas cerca al litoral. Para ello han sacado la arena de la misma playa, y esto ha hecho que el mar entre más a la zona de construcción, revela Alfredo Jaramillo Vélez, coordinador del programa de Ingeniería Oceanográfica de la Facultad de Ingeniería de la U. de A., sede Turbo.

Pero hay a quienes les duele el abandono. Uno es Darío Restrepo, ciudadano de E.U., que tiene un estadero y un pedazo de playa, la única que se ve impecable. Cuando él mismo no puede limpiarla, porque la edad no le da para tanto desgaste, acude a Eduardo Hernández, un joven amigo. “Acá no vale hacer nada, la gente no respeta y es muy indisciplinada”, asegura Eduardo y admite que la lucha contra los sedimentos es desigual. A pesar de dedicar tres horas diarias, no le alcanza para que la playa esté limpia todo el tiempo. A su lado, Juan Córdoba, Nelson Flórez y Juan Reyes, recogen material y lo llevan a una zona de invasión. “No logramos mayor cosa porque es mucha la cantidad, pero si no hacemos ese poquito cada día sería peor”, señala Nelson. Dan grima las playas de Barajas, en Turbo .

Gustavo Ospina Zapata

Periodista egresado de UPB con especialización en literatura Universidad de Medellín. El paisaje alucinante, poesía. Premios de Periodismo Siemens y Colprensa, y Rey de España colectivos. Especialidad, crónicas.

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