El último vuelo de Spirit Airlines despegó el 1 de mayo desde Detroit, Estados Unidos, y aterrizó en Dallas a la 1:08 a.m. de ayer. Ese trayecto simbolizó el cierre definitivo de la aerolínea, que operó durante 34 años en el mercado global y se suma ahora a la lista de compañías de ultra bajo costo que han colapsado financieramente en el universo de aerolíneas comerciales.
El tiempo se agotó para la empresa estadounidense que venía sin reportar ganancias desde 2019. El incremento en los precios del combustible para aviones (jet fuel) terminó por sepultar sus planes de recuperación tras su segunda bancarrota. A esto se sumó el fracaso de las negociaciones con el gobierno de Donald Trump para un rescate cercano a los 500 millones de dólares, que nunca se concretó.
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Alrededor de 10.000 afectados en Colombia
El impacto operativo fue inmediato. La firma de análisis de aviación Cirium estimó que Spirit tenía cerca de 9.000 vuelos programados solo este mes. Esto equivale a un promedio de 300 vuelos diarios y unos 60.000 pasajeros potencialmente afectados cada día a nivel global.
En Colombia, la Aeronáutica Civil informó de un plan de choque ante la situación. Añadió que cerca de 10.000 pasajeros en el país resultaron afectados por la cancelación de vuelos entre el 2 y 16 de este mes.
La Superintendencia de Transporte asumirá la supervisión de los derechos de los pasajeros y el seguimiento a las obligaciones de la aerolínea. Paralelamente, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) adelantará contactos con otros operadores para evaluar apoyos dentro de la industria.
La coyuntura desató una competencia del mercado por los pasajeros que quedaron en incertidumbre. En Colombia, por ejemplo, Avianca activó un plan de protección voluntaria para pasajeros con tiquetes entre el 2 y el 16 de mayo de 2026, permitiendo reubicaciones sin costo de tarifa aérea. Por su parte, Latam Airlines anunció su intención de apoyar con capacidad adicional y se encuentra definiendo su oferta para atender la demanda generada por la contingencia.
¿Por qué fracasó el rescate impulsado por Trump?
El colapso de Spirit estuvo marcado por una combinación de factores estructurales y coyunturales. La compañía acumuló una deuda creciente y costos que superaron su capacidad de generar ingresos. Los intentos de rescate o fusión no prosperaron.
Uno de los detonantes clave fue el encarecimiento del petróleo tras la guerra en Medio Oriente. El precio del jet fuel se duplicó en apenas dos meses. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) indicó que el barril pasó de cerca de 100 dólares hace un año a oscilar entre 170 y 200 dólares.
La crisis energética se agravó por tensiones geopolíticas. Irán bloqueó gran parte del tráfico en el estrecho de Ormuz, mientras que la Armada estadounidense restringió puertos iraníes, afectando la cadena global de suministro energético.
Según Reuters, Sean Duffy, secretario de Transporte de Estados Unidos, explicó que los acreedores rechazaron el acuerdo de rescate pese a los esfuerzos del gobierno. Por su parte, la aerolínea confirmó que el cierre implicará la pérdida de aproximadamente 15.000 empleos entre trabajadores y contratistas.
Uno de los principales opositores fue Citadel, fondo de inversión liderado por Ken Griffin y uno de los mayores tenedores de bonos de Spirit. El grupo argumentó que el rescate diluía el valor de sus reclamaciones al priorizar financiamiento estatal sobre la deuda existente.
Camino a la quiebra
El deterioro financiero de la aerolínea venía de años atrás. Spirit no registraba utilidades desde hace seis años. Su primera declaración de quiebra ocurrió en noviembre de 2024, cuando logró un acuerdo con acreedores para reducir su deuda en 800 millones de dólares (ver infografía).
Sin embargo, la recuperación fue insuficiente. En agosto de 2025, la compañía volvió a acogerse a la ley de quiebras en busca de una nueva reestructuración financiera y operativa.
Para entonces, acumulaba pérdidas superiores a 2.500 millones de dólares desde 2020. Esto obligó a reducir su flota a menos de la mitad, quedando en cerca de 100 aeronaves, lo que limitó su capacidad operativa y competitiva.
Una más de la lista
El caso de Spirit no es aislado. Entre 2023 y 2026 se ha registrado una ola de quiebras en el segmento de aerolíneas de bajo costo a nivel global.
En Colombia, Viva Air cesó operaciones en febrero de 2023 tras una crisis agravada por el aumento del combustible y la incertidumbre en su integración con Avianca. Un mes después, Ultra Air, fundada por William Shaw, también suspendió actividades por falta de capital.
A nivel internacional, Lynx Air cerró en Canadá en 2024 por la saturación del mercado y altos costos aeroportuarios. En mayo de ese año, Bonza dejó de operar en Australia tras incumplimientos de pago con arrendadores. Luego, Air Belgium se declaró en quiebra en abril de 2025, y Play Airlines cerró en Islandia en septiembre de 2025 al no conseguir financiamiento.
Para algunos conocedores del mercado, el modelo low cost enfrenta márgenes extremadamente ajustados, costos operativos en dólares, presiones inflacionarias y restricciones de financiamiento que no logran superar todos los competidores.
La combinación de estos factores ha desestabilizado a múltiples aerolíneas, evidenciando que el modelo es altamente vulnerable a choques externos como crisis energéticas o tensiones geopolíticas como las recientes.
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