Fincas, casas de recreo, negocios de la más diversa condición, estaciones de gasolina, simples transeúntes: son múltiples las víctimas de atracadores en el Oriente antioqueño, quienes actúan a sus anchas, a plena luz del día, desplazándose con tranquilidad, sin cortapisas, sin quién los detenga.
El fenómeno, que tuvo su aterrador protagonismo hace varios años y ahora recrudece con escandalosa impunidad, se presenta en la zona en donde, paradójicamente, hay presencia activa de fuerza pública. Algo muy extraño pasa que permite el reinado criminal de esas bandas intocables.
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